Tras ver la mítica película Fresa y chocolate, estrenada hace 27 años, es oportuno investigar cómo ha cambiado la situación del colectivo LGTB en este país socialista.

Pavlo Verde

Recientemente he visto la película cubana Fresa y chcocolate del año 93. Este importante filme dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío fue uno de los primeros en retratar al colectivo LGTB en Cuba. Su historia narra la relación entre David, un estudiante heterosexual, firme partidario de la Revolución e incipiente escritor, y Diego, un peculiar artista homosexual, católico y escéptico con el régimen castrista. Aunque no se trate de un romance explícito ni implícito, la película causó revuelo. La aparición de un personaje abiertamente gay supuso una sorpresa en un país con pasado reciente de intensa homofobia.

Fresa y chocolate 27 años después. ¿Qué es de las personas LGTB?

Fresa y chocolate no solo muestra este ambiente de opresión, sino que lo critica y pone en su punto de mira algunos de los problemas del socialismo cubano. La película es bellísima y muy recomendable más allá de su temática. Además, nos ha llevado a preguntarnos por la relación entre el Estado Cubano y el colectivo LGTB. Tras 60 años desde la Revolución, ¿qué cosas han cambiado y qué futuro se puede esperar?

El hombre nuevo no ama a otros hombres

Es cierto que en la “perla del Caribe” y en especial La Habana los homosexuales gozaban de una modesta tolerancia. Sin embargo, “maricón” seguía constituyendo un insulto cotidiano y la aceptación pública era mínima. Tras la llegada al poder de Fidel y los revolucionarios en 1959 la ya de por sí delicada situación del colectivo se agravó. En su formación del “hombre nuevo”, el comunismo institucionalizó la homofobia al considerar estas prácticas como “contrarrevolucionarias”. En 1965 Castro declaró:

No podemos llegar a creer que un homosexual pudiera reunir las condiciones y los requisitos de conducta que nos permitirían considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista. Una desviación de esta naturaleza está en contradicción con el concepto que tenemos sobre lo que debe ser un militante comunista […] Bajo las condiciones en que vivimos, a causa de los problemas con que nuestro país se enfrenta, debemos inculcar a los jóvenes el espíritu de la disciplina, de la lucha y del trabajo”.

Reeducación y represión

Los gais fueron reprimidos y enviados a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción. Estos eran grupos de trabajo y “reeducación” donde el régimen esperaba “encauzar” a los homosexuales y otros grupos disidentes. Hablar de lesbofobia, bifobia o transfobia sería menos preciso, dado que estas realidades fueron simplemente invisibilizadas y silenciadas, aunque para nada incorrecto. La militancia anti LGTB del Partido Comunista Cubano se manifestó también en la censura cultural. Muchos intelectuales sufrieron el exilio interior y exterior. José Lezama Lima vio cómo su obra maestra, Paradiso, fue retirada de circulación por las autoridades debido a sus pasajes homoeróticos. Reinaldo Arenas, al igual que otros intelectuales y artistas del colectivo, en un principio apoyó la Revolución, confiando en que la justicia social iría acompañada de libertad sexual. No obstante, estos sueños pronto fueron desmantelados y ante el empuje de la censura Arenas tuvo que marcharse del país.

En los años 70 continuó la represión con una purga de homosexuales del Partido y la universidad. Sin embargo, también se vivieron los primeros signos de cambio. En 1975 se retiró a las personas LGTB la prohibición ejercer cargos en la cultura y en la educación. En el 79 finalmente se despenalizaron las relaciones entre personas del mismo sexo.

Progresiva apertura

A partir de entonces se han presenciado importantes progresos en la isla, aunque aún insuficientes y acompañados de momentos de mayor represión. Por un lado, el Estado comenzó a hacer autocrítica sobre su pasado y su presente homófobos. El propio Fidel rechazó la actitud tradicional del partido hacia las personas LGTB en una entrevista para la televisión gallega. En 1993 se permitió la participación de miembros del colectivo en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, también entre los años se llevó a cabo una durísima persecución y posterior confinamiento de las personas homosexuales con SIDA ante el miedo al virus que recibió numerosas críticas.

Por esas mismas fechas (1989) nació el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX). Una de las misiones de este organismo es la de promover los derechos de las personas LGTB  en la isla. Su lideresa actual es Mariela Castro, firme defensora del colectivo, aunque siempre desde dentro de la Revolución. Tras décadas de progresiva liberalización, un hito fue la aprobación en 2008 la gratuidad de las operaciones de cambio de sexo.

Claroscuros de Fresa y Chocolate

Ya en el presente, la situación es indescriptiblemente mejor de lo que los miembros del colectivo pudieron imaginar al comienzo de la Revolución. En 2019 la nueva Constitución dejó de definir el matrimonio como “la unión entre un hombre y una mujer” y se abrió la puerta al reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo. Pese a todo, ese mismo año la ya tradicional Conga cubana contra la Homofobia y la Transfobia sufrió la represión del Gobierno. Primero fue prohibida. Tras esta decisión, muchos activistas decidieron convocarla de nuevo de manera no oficial. El día de su celebración la policía intervino violentamente y dispersó a los participantes. Este acontecimiento recibió críticas múltiples personalidades dentro y fuera del país.

La LGTBfobia persiste en muchos sectores de la sociedad cubana. Eduardo Jiménez García habla de más relajación, pero no más tolerancia. Muchas personas critican el oportunismo del régimen y su instrumentalización del colectivo. Abel Sierra Madero comenta cómo el giro rosa del Partido solo busca incluir y fidelizar a grupos hasta ahora excluidos. Además, la visión de las personas LGTB sigue siendo muy normativa. La CENESEX parece ofrecer una forma “correcta” de pertenecer al colectivo y discrimina aquellas que no se adapten a este patrón. Sierra Madero dice:

“Tanto la legalización de estas actuaciones como la conga de la “diversidad” responden a una lógica asimilativa, a una política de la tolerancia que produce, en última instancia,  lo que Wendy Brown ha llamado “culturalización de la política”, un proceso en el que se tiende a esencializar las identidades. De ahí que las categorías de clase, raza, género, sexualidad solo tengan en el discurso ideológico un carácter ornamental”.

¿Qué pueden esperar las personas LGTB?

En definitiva, la situación de la población LGTB es ambigua en este curioso país antillano. Diego, el protagonista de Fresa y chocolate, tendría motivos para respirar aliviado. Eso no significa que pertenecer al colectivo sea ahora fácil ni que la diversidad total esté garantizada ni bien vista. Así como de un capitalismo rosa (del que vendría bien hablar y criticar en otro momento), se podría hablar de un socialismo rosa que respeta las prácticas no normativas dentro de sus marcos e intereses políticos, pero a duras penas más allá. La lección que nos da este país es que la lucha LGTB es ya imparable en buena parte del mundo. La clave está en que dejen de ser empresas, partidos o instituciones quienes digan cómo avanzar y hacia dónde.