Alba Blanco || Foto: Gonzalo Merat

De los creadores de El Club de la Comedia, creada y dirigida por José Miguel Contreras, Netflix nos trae 1 hora y 17 minutos de auténtica diversión con el cómico, único, especial e inigualable, Joaquín Reyes.

Recién recogido de Albacete, J. Reyes nos demuestra que no es solo un gran humorista y monologuista, sino que, además también, es un gran imitador de voces.

Durante el monólogo, Reyes hace un repaso de varios episodios de su infancia. Reconoce haber tenido una infancia feliz y haber sido el típico “gafotas” del colegio. Y lo hace como solo él sabe, con mucho humor.

Dedica varios minutos a hablar de la televisión y reconoce que la tele de ahora no es como la de antes. Recuerda la TV del pasado como “el jardín del Edén de los acentos” (un mono tema bajo el que se basa gran parte del monólogo, los acentos). Y afirma que los únicos acentos que permanecen actualmente en la televisión son los de los enviados especiales.

El público ríe, y ríe, y ríe, y vuelve a reír; como los peces beben en el río. Y no, no es que queramos hacer una alusión religiosa amigos, para ello ya tenemos a Joaquín Reyes con su sarcástico y melodramático “Dios os bendiga” a modo de agradecimiento continuo a su público; pero es que si algo es cierto es que con J. Reyes es imposible parar de reír.

El cómico, de 42 años, que demuestra tener muchos temas de conversación, habla acerca del cambio climático y expone su opinión. Lo tiene muy claro: “¿Qué problema hay con el cambio climático? ¿Qué se va a acabar el mundo? Bueno, pero habrá al menos habrá un buen día”.

El monólogo va pasando de tema en tema pero hace un bonito recordatorio a un elemento indispensable, según Reyes, en la vida moderna actual: el mando a distancia. La TV, como antes se ha mencionado, es un asunto recurrente del humorista. Afirma estar enganchado a ella desde que es un crío y desvela al espectador su programa “favorito”: “Mi canal favorito es la 2. Que es un canal joven, emergente, una programación reloca. Hay documentales y también hay programas de humor. Está la misa de los domingos”.

Y más risas. El público adora a Joaquín Reyes, Joaquín Reyes adora a su público y este, se deja adorar por él.

Tras hacer varias bromas acerca de su madre y mencionar algún dato (siempre con humor) sobre su vida personal (está casado y con un hijo), Reyes se despide de su público cantando una canción muy personal y divertida, tras haber deleitado al patio de butacas con unos extravagantes y pegadizos pasos de música: “Hijo de puta, hay que decirlo más”.

No sabemos si será cierto o no. Si “hijo de puta, hay que decirlo más”, si la televisión de ahora no es como la de antes, si el colegio fue la etapa más bonita y si es posible que un paso de baile se llame “sándwich”, pero lo que si está claro es que mientras haya personajes como Joaquín Reyes que nos hagan reír, los problemas más graves y más enormes quedarán reducidos al tamaño de un guisante.

“El sarcasmo es una defensa natural del cuerpo”, y Joaquín Reyes, lo sabe.