Esta comedia romántica retrata uno de los grandes problemas de EEUU a través del humor y la ironía
El mayor vestigio del cine es desentramar las problemáticas de las sociedades del momento. Lo vemos habitualmente en grandes y pequeñas producciones que diseccionan el mundo en el que vivimos. Desde grandes catástrofes a insignificantes manías, el cine acompaña, alecciona y reeduca una sociedad que tiende a cerrar los ojos. Esta mirada se convierte en dogma con la entrada de Robert Pattinson y Zendaya en escena para bailar los pasos de un drama dirigido por Kristoffer Borgli, conocido por su obra Dream Scenario.
Alejándose de las lecturas tradicionales de las comedias románticas, Diamond Films trae a las salas los últimos días como prometidos de Emma (Zendaya) y Charlie (Robert Pattinson). Unas jornadas de nervios para darse el ‘Sí quiero’ que estarán marcados por los grandes secretos que esconde el pasado de la novia y su estrecha relación con uno de los grandes problemas de la sociedad estadounidense: las armas. Una comedia romántica que persiste en la sátira y que promete retratar la química entre los actores mundialmente conocidos.
Una idea subversiva que trata las relaciones desde la culpa
Esta idea pseudofruediana de la pérdida de la idealización conquista la pantalla con dudas y culpa. Es, de esta manera, un eterno debate de juicios y desconfianza entre el otro y, lo que acuna Sigmund Freud, el superyo. ¿Se puede juzgar a alguien por el pasado que no conocías después de dos años de vivir y conocer el presente de esa persona?¿Cuál es la vara moral para medir quién puede ser aceptado y quién no?¿Una víctima que casi es verdugo es menos culpable de pensar en convertirse en verdugo o es la consecuencia del dolor del otro?
Incógnitas, preguntas morales, que se estrellan contra el inconsciente del espectador mientras uno se deslumbra con la notoriosa y reseñable interpretación de Robert Pattinson. Actuación ante la que, reconociéndome como gran seguidor del actor desde El faro, sin obviar su paso por la saga de Crepúsculo, y su magnífica puesta en escena en Die, my love, y, de este modo, poco objetivo, me atrevo a postularle como aspirante al Oscar en el próximo año.
Pattinson y Zendaya, la química de la fama
Pattinson no solamente es capaz de dominar las carnes de un joven inseguro, sino que relata la idea del amor idealizado y de la pérdida de esa identidad de la relación. Una relación, que desde luego demuestra las grandes dosis de interpretación y talento que tienen el exvampiro y Zendaya y que se construye sobre la idea de lo que es Emma. Zendaya, por su parte, encarna a una mujer independiente que, sin embargo, deja dudas sobre si realmente quiere a Charlie. Simplemente relata la idea del sentir y del amar a pesar de todo.
Si a estas altas dosis de química le añaden un guion cuidado lleno de ironía y chascarrillos a la sociedad americana y un montaje deslumbrante, crean el cóctel molotov perfecto para atraparte durante las casi dos horas que dura el metraje.
Un drama que pilla de lejos
A pesar de ser un drama, y un contexto, que pilla de lejos a nuestra sociedad. La idea y el planteamiento es perfecta para mimetizarse con los personajes y la trama. En esta película, el concepto de comedia romántica tan solo es la excusa para ejecutar un metraje que hable sobre relaciones, sobre la ausencia de amor y complicidad, los puntos de inflexión en la vida, los nuevos contextos y el relato sobre la culpa y la recomposición. Esta forma de intentar ver al otro alejándose de juicios llega este viernes a los cines para definir la palabra de drama nupcial en toda regla.
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