Alba Blanco

Brasil es un país inmenso. Lleno de historias, de lugares, y con ellos de personas. Si reducimos en el mapa el punto geográfico y nos desplazamos hasta Sao Paulo parece que no hay tanto que contar, pero nos equivocamos.

“A voz do silencio” es el nuevo trabajo del director brasileño André Ristum y es una coproducción entre Argentina y Brasil.

Tal y como confesaba su director, la película pretendía hacer una especie de mezcla internacional para retratar esa parte de Sao Paulo, más allá de las fabelas, que no es tan reflejada en el cine. La idea era enseñar un poco ese universo de carácter multicultural hablando de personas aparentemente corrientes que sufren y que tienen problemas que impiden que sean felices o que lleven una vida corriente.

“La elección de la ciudad como protagonista es porque en ella suceden muchas cosas. Es una inspiración de cuando me fui a vivir. El tema esencial de la película es la soledad. La ley del silencio es una relación con todo”.

Dos de sus personajes, Stephanie de Jongh y Ricardo Merkin, hablaron a cerca de sus personajes y reconocen que este proyecto ha sido muy bonito de realizar. “Las mujeres en esta película son muy fuertes, tienen la expresión de la poesía y de la fuerza. Mi personaje es el único que tiene una visión del futuro con algo de esperanza. Ella sintetiza la esperanza y la fuerza”, comenta alegre mientras procura hablar en español.

En la película se aúnan muchos problemas sociales, tantos que sorprende la ligación de toda las historias al final que, a pesar de ser aisladas e individuales entre sí, acaban por encontrarse.

El personaje del argentino Ricardo Merkin, uno de los más complejos y tiernos del filme, sorprende: “Tiene momentos de falta de memoria y lo único que le hace vivir es el recuerdo de su mujer. El nieto es el halo de vida que ya no tiene. Como actor ha sido un regalo porque ha sido un personaje muy doliente”.

Películas tan reivindicativas y valientes como “A voz do silencio” que retratan aquellas realidades que no todos se atreven a contar hacen de este filme, casi documental, toda una joya cinematográfica.

“Crear conciencia dentro de esta película era la intención”, afirma el director.

Y nosotros, como buenos espectadores, asumimos esa responsabilidad que nos acoge. Y reflexionamos, reflexionamos y aprendemos.