LGTBIQ+ y memoria histórica en la magistral La bola negra

El film basado en la obra inacabada de Lorca pretende sanar la herida de la herencia a través de un ejercicio necesario de memoria histórica

Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi han apostado por reescribir la historia y darle un final a una de las mayores incógnitas de la literatura del siglo XX de nuestro país. La obra de Federico García Lorca que habla tiene como protagonista a un hombre homosexual protagonista por primera vez en las publicaciones del dramaturgo granadino.

Entre las grandes sorpresas de la película germina un Guitarricadelafuente (Álvaro Lafuente) que se enfrenta a su primer papel protagonista en al gran pantalla para encarnar con gran ímpetu a Sebastián, un trompetista que se verá obligado a unirse a las milicias falangistas en plena Guerra Civil Española para sobrevivir después de que el ejército italiano haya arrasado su pueblo. Allí conocerá a Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau), un alto cargo del ejército republicano y que le encarga una misión de gran importancia.

Tráiler La bola negra

Uno de los fenómenos del año

Este film, que no deja de sorprender a cada escena que baila por la pantalla, se está proclamando como uno de los fenómenos del año. Después de ganar el Premio a mejor dirección en el Festival de Cannes el pasado mes de marzo -galardón compartido con el director polaco Paweł Pawlikowski y su película Fatherland– y de ser elegida como la película candidata para representar a España en los premios Oscar, los Javis se posicionan como los grandes favoritos para esta temporada de premios, Goya incluídos.

La historia no es simplemente buena y equilibrada a nivel técnico. El film se posiciona para hablar del colectivo LGTBIQ+ y de la memoria histórica a través de una estética impecable y perfectamente extraída del imaginario lorquiano. El simbolismo traspasa la pantalla y evoca, junto a una banda sonora escalofriante, el clímax de la obra.

Recuperando la nieve del escritor y ese misticismo mágico que alberga lo cotidiano, logran entablar una conversación entre el pasado, el presente y en lo que puede llegar a ser el futuro en tiempos de polarización y auge de la extrema derecha. Una película cuyo mensaje y lenguaje son, posiblemente, más necesarios que nunca.

Una película prácticamente redonda

Las grandes obras surgen de una buena idea, pero necesitan de un guion magnífico apoyado por un buen reparto, una gran dirección de fotografía y un buen diseño y esto, sin lugar a duda, lo tiene La bola negra. Además de un inmenso respeto a la obra y figura de Lorca. Algo que para los que nos confesamos ávidos lectores del dramaturgo y poeta agradecemos y miramos con más inri.

Este respeto por su estética y su obra, combinando versos, prosa, cantos y narrativas cinematográficas se convierte en el cóctel perfecto para representar la estética lorquiana. Algo que pocas veces se ha visto, pero que cuando se hace con gran calidad surgen auténticas obras maestras como La novia, película dirigida por Paula Ortiz y ganadora del Goya a mejor fotografía.

Además, si nos detenemos a analizar las tres líneas temporales del film y la manera en la que convergen a la perfección… Considero que tanto los directores como todo el equipo han logrado hacer algo que, hasta el momento, no se había hecho. Es cierto que vemos tintes de memoria histórica abarcados de una manera similar a El maestro que prometió el mar, pero se desliga para abordar desde otro primas la Guerra Civil Española sin olvidar de lo que están contando: historia, guerra, sangre, muerte, opresión y fascismo.

A través de todos estos elementos logran crear la composición perfecta, a pesar de que en los últimos minutos del metraje pierda fuerza. Sin querer adelantar acontecimientos… La aparición de Lorca de la forma en la que lo muestran acaba convirtiéndose en algo repetitivo y reiterativo, pus no necesitas mostrar una conversación sobre el argumento de la película y, el cual, ya se ha facilitado. No es tanto la aparición del dramaturgo, sino el cómo la ejecutan.

Un brillante elenco que pasa desapercibido

En esta película, que es prácticamente redonda, lo que pasan más desapercibidas son las interpretaciones del reparto que es cuasiperfecto. Descubrimos al músico Guitarricadelafuente saliendo de su zona de confort con gran éxito, lo que posiblemente la acerque a la nominación por su debut en el cine en los premios Goya. Asimismo, el actor Miguel Bernardeau da un giro de guion a sus papeles habituales para establecerse en el punto de mira para un registro diferente al que está acostumbrado.

Entre las grandes estrellas de la película vislumbramos a una arrolladora Penélope Cruz y a un sobrio y fugaz Antonio de La Torre. A este último se le une un nuevo descubrimiento, el actor e influencer Milo Quifes. Entre otras estrellas internacionales, aparecen y desaparecen como si fuese una alfombra roja personalidades como Glenn Close o Lorenzo Zurzolo.

La bola negra y su historia

Fue en junio de 1936. Tras el inicio de la Guerra Civil Española cuando se publica la que sería la última obra teatral de Federico García Lorca. La Casa de Bernarda Alba despedía sus páginas con una alegoría, asegurando que “la muerte hay que mirarla cara a cara. […] La hija de Bernarda Alba ha muerto virgen. ¿Me habéis oído? ¡Silencio he dicho! ¡Silencio!”. Bajo estas líneas, el dramaturgo dio un cierre a la que sería su última obra teatral conclusa antes de ser asesinado por ser homosexual un 18 de agosto de 1936 a manos de un militar franquista. Esta sería su última novela publicada, pero no sus últimas páginas por escribir.

Una premisa escogida a la perfección, precisamente para hablar de lo que no se dice. Escuchar las intersecciones y ver el mundo desde otro primas. Ver la guerra desde otras garras. Verla, esta vez, en una sala de cina abarrotada y conmocionada por lo que esta sucediendo. Algo que es posible desde este viernes en una inmensa variedad de cines.

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