Este jueves se estrena en España Érase una vez en Hollywood, la novena película de Quentin Tarantino (director de obras como Pulp Fiction, Kill Bill, o Malditos Bastardos), que se presenta como una especie de acercamiento, esta vez frontal, a la cinefilia del director norteamericano.

Tarantino, en esta película, trata de alejarse de lo que se entiende por una “película Tarantino” (ultraviolencia cómica, elaborado formalismo que bebe  constantemente del cine norteamericano clásico, como de la serie B o de la Nouvelle Vague) para hacer su película más personal hasta la fecha. El problema está en que precisamente el salirse de ese tópico le juega una mala pasada, ya que lo único que se saca en claro de su rutinaria y poco inspirada propuesta formal, excepto en un par de escenas, es que podría parecer que lo único que sabe hacer bien es aquello que lleva repitiendo más de 20 años. Todas las conversaciones están resueltas de forma simplista (plano general- plano medio- contraplano y en ocasiones primeros planos para resaltar), cuestión especialmente sorprendente dado el alto nivel de comprensión que había demostrado Tarantino en estas situaciones, especialmente en la gran primera escena de Malditos bastardos donde despliega todo un sutil juego de escalas, ángulos, campos y movimientos para dar al espectador una primera y efectiva caracterización del antagonista de la película.

En los últimos 5 minutos de película Tarantino vuelve a su estilo más característico y aquí vuelve a brillar: la traca final y sangrienta de esta obra es un regalo y otra gran escena que sumar a las que Tarantino ha ido filmando intermitentemente en su filmografía, pero deja clara una vez más la pregunta de si esto es lo único que realmente sabe hacer, y de forma muy notable, el director de Knoxville. Queda, en teoría, solo una película hasta que Tarantino se retire del cine y el tiempo dirá si se retira volviendo a ofrecer un festival de estilo con su sello o si vuelve a aventurarse en algo distinto, y si en esa ocasión le sale mejor.

Esta es una película interesante porque nos deja ver el mundo interior de este director, que si bien es cierto no es todo lo influyente que se cree, sí es todo un icono de la cultura pop, pero por otro lado es una película de un nivel menor a otras, como la excelente Malditos Bastardos.

Carlos Díaz