La intérprete regala al público una joya de trip hop con su segundo álbum

Hilario Martínez

Hay cantantes que parecen vivir en una sombra de la misma forma que hay discos que uno necesita reproducir durante varios días para poder conectar. Sumergirse en una escucha activa es, a veces, la clave para adentrarse en la realidad musical creada por el artista. El enigma de Sevdaliza en Shabrang se encuentra a medio camino entre dicha escucha activa y el arte que se disfruta con los ojos cerrados. Con una voz muy suya y unas bases que beben constantemente de sus raíces iraníes, durante todo este tiempo se ha mantenido fiel a sí misma. El sonido de Sevdaliza es la prueba obvia de que canta lo que escribe y escribe lo que siente.

Shabrang no es un disco fácil. Se acerca más a un tipo de música que solo disfrutan unos pocos. Una joya no es solo el álbum que llega al primer puesto del Billboard 200. También hay mucha calidad entre quienes siguen abriéndose hueco. Por eso, para la originalidad de Sevdaliza hay espacio de sobra. Cortes como Joanna o Eden parecen estar envueltos en un aura religiosa que contamina las letras y coros. Otros, como Wallflower, muestran a una artista que combina partes recitadas con un estribillo cantado. La clave, eso sí, gira en torno a Human Nature, que ya apareció en su anterior EP The Calling. Si escuchas el disco en su versión digital, Darkest Hour se suma a los momentos destacables. Pero si eres fanático de las ediciones físicas, no esperes encontrar dicho tema en el listado de canciones.

Una hora de viaje

El último disco de Sevdaliza es un viaje nocturno. Es una senda que ya han recorrido otras como Kelela, FKA twigs o Bjork. Es, al final, trip hop en su estado más puro y bien hecho. También es música electrónica confeccionada a medida para encajar a la perfección. El enigma de Sevdaliza en Shabrang se convierte, por tanto, en un secreto a voces. La portada, que la muestra con la cara magullada, simboliza el difícil proceso que ha llevado a la compositora a ser la artista que todos conocemos hoy. Además, también hay cabida para una versión de Gole Bi Goldoon, balada farsi que encaja sin problemas en un disco cuyo mensaje final es el crecimiento.

Sin embargo, no todo iba a ser oscuridad. A lo largo del disco hay momentos para girar 180 grados. Oh My God y Habibi son esas canciones que aportan un poco de luz. La justa para no estropear el sonido conjunto. Cierto es que Sevdaliza no ha cambiado demasiado desde sus anteriores trabajos. De todos modos, ha sabido adaptar su sonido a su evolución como artista. Por lo tanto, lo que queda es una compositora e intérprete muy suya que decide compartir sus miedos con el resto del mundo. Las canciones de Shabrang son un bálsamo en tiempos de incertidumbre que abraza al oyente para mecerle en un viaje enigmático. Todos necesitamos música que se escucha con los ojos cerrados y el corazón en un puño. Solo hace falta dejarse llevar sin pensar demasiado.

Nota final para Shabrang de Sevdaliza: 83/100

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