‘Se tiene que morir mucha gente’: la generación agotada ya tiene su propia serie incómoda

La nueva serie de Victoria Martín ya disponible en MovistarPlus+

Hay series que intentan retratar a toda una generación y terminan pareciendo un hilo de Twitter alargado. Y luego está ‘Se tiene que morir mucha gente’, la nueva serie de Movistar Plus+ creada por Victoria Martín, que consigue algo bastante más complicado: hacer que todo resulte exagerado, incómodo y ridículo… pero al mismo tiempo dolorosamente real.

La serie sigue a Bárbara, Maca y Elena, tres amigas que llevan más de veinte años juntas pero cuya relación empieza a romperse cuando la vida adulta deja de parecerse a lo que imaginaban. Bárbara, interpretada por Anna Castillo, vive completamente atrapada entre la ansiedad, un trabajo tóxico como guionista y una dependencia cada vez más evidente de las benzodiacepinas. Mientras tanto, Maca intenta sobrevivir enlazando castings y turnos como camarera, y Elena parece haber encontrado cierta estabilidad después de casarse con un empresario bastante mayor que ella. Evidentemente, nada sale bien.

La clave es la verosimilitud de las situaciones

Y probablemente ahí es donde mejor funciona la serie. Se tiene que morir mucha gente no intenta romantizar absolutamente nada. La amistad aquí no es perfecta, ni sana, ni especialmente bonita. Las protagonistas se quieren muchísimo, sí, pero también se juzgan, se agotan y se utilizan mutuamente como salvavidas emocional mientras todas se hunden un poco. La serie entiende bastante bien esa sensación generacional de estar permanentemente cansado, frustrado y sin tener demasiado claro qué hacer con tu vida a los treinta.

El humor tampoco busca caerle bien a todo el mundo. Victoria Martín lleva muy claramente el tono que ya tenía en otros proyectos como Estirando el chicle: humor negro, diálogos incómodos y personajes diciendo barbaridades constantemente para esconder que están fatal. Hay momentos donde funciona increíblemente bien y otros donde parece que la serie quiere ser más provocadora que graciosa. Aun así, casi siempre consigue mantener personalidad propia, algo que no pasa demasiado dentro de la ficción española actual.

También ayuda muchísimo el reparto. Anna Castillo probablemente tiene el personaje más complejo y consigue transmitir muy bien esa mezcla entre desastre absoluto y vulnerabilidad constante. Macarena García aporta el lado más triste y contenido de la serie, mientras que Laura Weissmahr termina siendo muchas veces la más natural de las tres. Entre ellas hay química real, y eso hace que incluso las discusiones más absurdas funcionen.

No todo es perfecto

El gran problema es que la serie a veces da la sensación de quedarse girando sobre las mismas ideas. Son solo seis episodios de media hora y aun así hay tramas que parecen repetirse constantemente: ansiedad, frustración laboral, dependencia emocional y personajes incapaces de comunicarse sin destrozarse entre ellos. Hay capítulos donde esa incomodidad funciona muy bien y otros donde simplemente termina agotando.

Pero incluso con eso, Se tiene que morir mucha gente consigue algo bastante difícil: sentirse distinta. No intenta ser la típica comedia amable sobre amigas perfectas ni tampoco un drama solemne sobre salud mental. Es una serie fea, incómoda, caótica y bastante amarga por momentos. Y precisamente por eso funciona mejor de lo que parecía.

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