‘28 años después: El templo de los huesos’: El terror nos salva del apocalipsis

Los herederos de la infección zombie se enfrentan en ’28 años después: El templo de los huesos’ al fanatismo y la desesperanza con espeluznante vigencia

Tras los acontecimientos de la anterior entrega, Spike se ve obligado a unirse a la secta satánica de Jimmy Crystal y a aplicar con crueldad sus órdenes sobre aquellos que aún sobreviven a la infección. Mientras, el Doctor Ian Kelson hace un descubrimiento que podría cambiar el futuro de la humanidad. Pero antes, deberá enfrentarse a la aterradora realidad en la que los infectados ya no son su mayor amenaza.

Fotograma ‘28 años después: El templo de los huesos’. Foto: Sony Pictures
Fotograma ‘28 años después: El templo de los huesos’. Foto: Sony Pictures

Una saga con nombres propios

Han pasado veinticuatro años desde que vimos por primera vez a Jim caminar por Londres irreconocible y desolado. Aquella imagen icónica de Cillian Murphy cruzando el puente de Westminster completamente vacío es historia del cine de terror.

Igual que en 2002, el guion de esta cuarta entrega corre a cargo de Alex Garland (Civil War) y destaca por su existencialismo, inteligencia y humanidad. Rodada consecutivamente con su predecesora ‘28 años después’, Danny Boyle (Yesterday) se mantiene como productor mientras Nia DaCosta (Candyman) se sitúa al frente de la dirección. La estadounidense deja su impronta personal con movimientos de cámara vertiginosos y secuencias estremecedoras que llevan el espíritu de las anteriores entregas a su máximo esplendor.

En el reparto, caras conocidas se reencuentran en una nada bucólica campiña inglesa. Entre ellos, el atemorizado Spike (Alfie Williams) se convierte muy a su pesar en uno de los siete dedos de Satán o “el viejo Luci”, a medio camino entre la familia Manson y el Circo de los Muchachos.

Un espléndido Jack O’Connel como Sir Jimmy Crystal encarna a su líder rubio pollito, sin ningún tipo de escrúpulos ni empatía —¿no os suena? — y con unos cuantos ‘daddy issues’ que convierte la “caridad” de su fundamentalismo satánico en una amenaza más terrorífica que cualquier pandemia.

Su contraparte es la inesperada amistad entre Sansón —aterrador y entrañable Chi Lewis-Parry— y el Doctor Ian Kelson. Ralph Fiennes está en su salsa con una de sus mejores actuaciones y una secuencia musical climática que será de los momentos más emblemáticos de la saga.

Personajes como Cathy (Mirren Mack), Jimmy Ink/Kelly (Erin Kellyman) y otras sorpresas preparan el terreno para la prometedora tercera parte, con la que Garland ya está manos a la obra.

Fotograma ‘28 años después: El templo de los huesos’. Foto: Sony Pictures
Fotograma ‘28 años después: El templo de los huesos’. Foto: Sony Pictures

Quien no conoce su historia…

A punto de cumplirse seis años del confinamiento por la pandemia del COVID-19 que 28 días después parecía augurar con el recién inaugurado milenio, la nueva entrega cobra un sentido diferente.

“Muchas de las cosas que damos por sentadas desaparecerán por completo. Y cuando llegue ese momento, el hombre dejará de comunicarse”, dicen en el tráiler. En una sociedad desmoronada, marcada por el pánico y la barbarie, cualquier reminiscencia de creencias anteriores resulta reconfortante, pero también peligrosa si se desconoce la historia.

Jimmy Crystal encarna el peor de los horrores que se pueden imaginar, ese que, frente al cambio que cuestiona su realidad, responde como un verdadero monstruo. Su personaje encarna la decadencia del ser humano, y esta no viene de ningún virus.

Ian Kelson, por su parte, sabe que este es un mundo sin Dios ni Mesías —satánico o no— y que, frente al fanatismo de los ídolos de sangre, la ignorancia conspiranoica y la cobardía de la rendición, sólo la unión, la ciencia y la verdad nos salvarán.

Esto sitúa al doctor en una posición privilegiada ante Crystal, que demuestra con un espectáculo burlón, apoteósico y más que satisfactorio a ritmo de The Number Of The Beast de Iron Maiden. Fiennes es un Lucifer que moriríamos por ver en vivo.

Su legado, más allá del osario construido con tanta delicadeza para nunca olvidar, es la esperanza en el futuro a través de Spike, en la cura con Sansón y en una tercera entrega que sea igual de disfrutable y desagradable como cierre digno para la franquicia.

Sobrevivir después del apocalipsis

¿Por qué gustan tanto las distopías en tiempos tan convulsos como el presente? Es interesante que, en el contexto actual, tan difícil de creer y sobrellevar por momentos, recurramos a una como esta para evadirnos.

Tal vez lo hagamos con la esperanza de que en algún momento habrá un futuro mejor o, al menos, personas capaces de crearlo. O tal vez, como Sansón, sea simplemente una forma de escapar. El terror siempre ha sido fundamental para representar los miedos más profundos de la sociedad mediante monstruos imaginados y así, quizá, sentirnos más capaces de lidiar con el apocalipsis.

En todo caso, 28 años después: El templo de los huesos deja un sabor de boca agridulce sobre el presente con el que nos quedamos con ganas de más. La espera se hará larga hasta la siguiente la entrega.

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