Alba Blanco

Es una coproducción entre Costa Rica y España. En nuestro país, José Esteban Alenda decidió dar un voto de confianza a esta película, de cierto corte documental, a raíz de encontrarse con la productora que comenzó con este proyecto. Su directora, Antonella Sudassassi reconoció esta mañana en la rueda de prensa que la historia está basada en su propia experiencia y que la historia ha sido creada a partir de otras que ha ido conociendo a lo largo del tiempo: Yo vengo de una familia muy grande, y es cierto que ha existido en algunas mujeres una cierta disposición de servicio hacia los demás. El amor materno que conocemos y que nos han enseñado a muchas mujeres, muchas veces es machista, comentó. 

En la historia, Isabel es una costurera de un área rural de Costa Rica. Vive en una casa de madera con sus dos hijas y su esposo. Dedica la mayor parte del día a atenderles y a coser por encargo. El poco dinero que gana, lo guarda en una caja para que lo administre su esposo. Su familia la presiona para tener otro hijo, ‘el varón’. Ella, entre hilos y telas, fantasea con diseñar sus propios vestidos y tener una tienda. La costumbre, el calor, su larga cabellera, los insectos que invaden hasta los espacios más íntimos y la presión de su familia empiezan a torcer la imaginación de Isabel, llevándola a enfrentarse consigo misma, su entorno y su familia.

Su actriz protagonista, Daniella Valenciano, se mostraba sonriente y atenta en la rueda de prensa. Es su primer largometraje, tras varios trabajos en el mundo del teatro, y se muestra espléndida y fresca. Su ternura y verdad conmueven, así como la relación que logró forjar con las que hacían de sus hijas, dos niñas que, tal y como explicaba su directora, nunca habían pisado una sala de cine y no tenían ningún tipo de formación actoral: Estuve unos cuatro meses trabajando con las niñas e interactuando con las personas que vivían en el pueblo donde rodábamos. La idea era que no me vieran como una intrusa, sino como una más, declaraba Daniella.

Reconoce que Isabel y ella son muy distintas, a lo que Antonella reflexionaba a cerca del tratamiento de la película, recalcando que en ningún momento se pretende prender fuego sobre uno de los bandos (masculino/femenino) sino que se trata de retratar una historia, desde una perspectiva generacional, en la que su máximo objetivo como directora era hacer llegar esta película a aquellos pueblos de Costa Rica que aún siguen un poco anclados en el pasado.

La acertada y original simbología con las hormigas da el punto dramático necesario a la historia. Sudassassi contaba como comenzó a rodar y cómo fue acogida por las personas del pueblo en el que grabaron. Se alojó en una pulpería y comenzó a nutrirse de historias reales, entre ellas las de la propia familia que decidió acogerla para escribir la historia.

Junto a José Esteban Alenda hablaba de como Costa Rica ha sido siempre un país en el que no se ha producido cine, y como esa tasa ha ido variando: Hemos pasado a hacer 10 o 12 películas al año, reconocía. A su vez, declaraba que la influencia de la mujer en la dirección de proyectos cinematográficos en Costa Rica es cada vez mayor, siendo la mayoría de esas películas producidas, hechas por mujeres: Hay una sororidad enorme. Estamos abriendo camino, decía sonriendo a los medios.

Parece que el cine en Costa Rica se está abriendo un hueco en el mundo del cine. Al igual que las mujeres en este campo. Esperemos que este sea solo un pequeño comienzo de un despertar gigante que esté por llegar.