Sam Mendes logra hacer olvidar al espectador que está en el cine y le introduce de lleno en el horror de la guerra

Alba Blanco

Barro, angustia, un miedo feroz, el silencio sobrecogedor que espera a la víctima, segundos contados. Algo así debe sentirse en una trinchera bélica, en plena batalla. Sin embargo, cuando se trata de sentir, resulta innegable pensar que no siente igual aquel que padece en primera persona que aquel al que le es contado. No obstante, lo que logra Sam Mendes en 1917 supera cualquier barrera entre lo vivido y lo mirado, entre la historia real y el mensaje proyectado. Y es que estos parecen ser uno solo.

1917 parte de una idea sencilla: dos soldados ingleses que, en plena contienda de la Primera Guerra Mundial, son enviados a una misión imposible. Salir a campo abierto para decirle a los suyos que los alemanes han fingido una retirada para masacrales. Y todo esto en un tiempo límite: antes de que su ejército decida atacar al enemigo. Si además, entre este grupo de soldados se encuentra el hermano de uno de los “salvadores”, la historia adquiere un matiz algo más personal.

“Mi abuelo luchó en la Primera Guerra Mundial. Tenía 17 años. Nos contó muchas historias que, por alguna razón, nunca olvidaré. Mi abuelo fue una inspiración para la película”.

Sam Mendes (Director de 1917).

Sam Mendes logra algo increíble con el manejo de la cámara: hacer creer al espectador que nada está tratado, que todo es real. La película está grabada como si de un plano secuencia se tratara, a penas hay cortes. Y aquellos que hay, son prácticamente imperceptibles. De este modo, Mendes consigue meter de lleno al espectador en la historia, en la crudeza de la guerra. Ya que al no haber, aparentemente, cortes cada segundo, cada movimiento, cada pestañeo, importan. Como sucede en la guerra.

Fotograma de 1917 (Sam Mendes)

No es la primera vez que el cine intenta retratar el horror de la guerra. Películas como Senderos de gloria, de la cual el filme de Mendes se nutre, y otras como la estremecedora Salvar al Soldado Ryan, han procurado llevar a la gran pantalla el pánico y la miseria que se vive en un campo de batalla. Y a pesar de que Dunkerque, esa maravillosa película de Christopher Nolan narrada en tres espacios, fuera una muestra ejemplar de como llevar al cine una película de cine bélico, Mendes ha creado su propio lenguaje.

Y no es para menos. El autor de 1917 comenzó en el cine con American Beauty. Ya convertida en todo un clásico. Tras ella otras películas como Revolutionary Road o Skyfall han granjeado éxitos a este director británico que ha demostrado que el cine de género se le queda, sin duda alguna, muy pero que muy pequeño.

En la pasada edición de los Premios Óscar, se llevo tres premios de las diez nominaciones, a Mejor Fotografía, Mejor Sonido y Mejores Efectos Visuales.