La ficción sobre Liliane Bettencourt llega a los cines este viernes para mostrar a la mujer más rica del mundo
Así como la riqueza se hereda mientras que la fortuna se conforma, el cine francés conserva la calidad de sus comedias. Sin miramientos, y como si de cera depilatoria se tratase, Thierry Klifa busca ganar su espacio de la mano de Isabelle Huppert en su nueva película La mujer más rica del mundo.
Huppert relata uno de los mayores escándalos que han pasado por la vida de Marianne Farreré -un personaje con licencias artísticas que adapta a la conocida Liliane Bettencourt-. Esta disputa sentimental, reputacional y financiera de la bebe la película pondrá en el punto de mira a la familia accionista de una empresa de productos cosméticos.
Este caso mediático diseccionará a estas celebridades extravagantes y genuinamente excéntricas a través de la relación entre Liliane Bettencourt y François-Marie Banier.
Cannes presenta lo que Huppert defiende un año después

Fue en el Festival de Cannes de 2025, en el mes de mayo del año pasado, cuando se presentó esta película. Un film basado en la vida de una de las grandes magnates de la edad contemporánea que reposando sobre los hombros de un guion escandalosamente sutil y unas interpretaciones despampanantes.
La ya mencionada Huppert, recordada por una infinitud de pelícuals entre las que se encuentra Madame Bovary, logra que esta película tenga sentido. En gran medida gracias a la química que desprende en pantalla con Laurent Lafitte. Ambos, encarnando unas versiones ficticias y desposeídas de nombre, logran encandilar la pantalla de una forma genuina evitando que el metraje se haga extenso y soporífero.
Una defensa férrea de Isabelle Huppert y Laurent Lafitte acompañados de un elenco compuesto por Marina Foïs y Raphaël Personnaz. Estos cuatro actores permiten que la película pase a través de la garganta sin que se quede asfixiando por la temática que trata. Reconociéndome como una persona poco agradecida con las historias inspiradas en personalidades multimillonarias, esta versión que resalte las cualidades de esta familia y el sufrimiento de una de las familias mas ricas de Francia simplemente me evocan absoluta indiferencia.
Una película que acaba siendo poco mordaz
Siendo objeto de comparación El triángulo de la tristeza dirigida por el sueco Ruben Östlund, este metraje deja mucho que desear ante la falta de posición y la simple pretensión del director: Hacer una película que sea consumida.
De este modo, a pesar de que las interpretaciones sean dignas de reseñar, la película acaba siendo casi tan banal como la escena del bar mitzvah del más joven de la familia en la que se resalta: ¿A qué edad se percibe el primer millón? Estas excentricidades que parecen desarrollar una profunda crítica a la riqueza, no son más que una forma de atraer al público para que vea esta película y que, posteriormente, sea olvidada.
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