Lucía Martín Muñoz

Tres caras es la nueva película de Jafar Panahi, laureada con el premio al mejor guion en el festival de Cannes 2018, el filme se consigue introducir en lo más profundo del espectador.

La obra relata la última oportunidad de una joven iraní por cumplir su deseo y convertirse en actriz tras el impedimento de su familia y la desaprobación de los habitantes de la recóndita aldea donde vive.

Al fin y al cabo, la lucha de la mujer en un sistema reprimido, los sueños de una joven que se impone a un modo de ver la vida de forma patriarcal y tradicional. Las magistrales interpretaciones de actrices como Behnaz Jafari, Marziyeh Rezaeti o Maedeh Erteghaei te sumergen en una cruel realidad que padecen millones de compañeras alrededor del mundo.

La película lanza un mensaje desafiante contra el sistema iraní que sentenció al director y actor a veinte años de inhabilitación para hacer cine y su imposibilidad de salir del país durante seis años por los argumentos de sus películas que, dice el gobierno, “actúan contra el estado”. La censura no ha podido con el afán y lucha de este director por intentar visibilizar y dar voz a las mujeres del país que aúllan contra unos derechos que no les son concedidos.

El director de lo que se considera la “nueva ola iraní” crea una película de rabia e ira contra un sistema restrictivo que no permite a una joven seguir su camino.

El estilo de Panahi definido por el mismo como “acontecimientos humanitarios interpretados de una forma poética y artística” no podía estar más presente en la obra, ésta deja un rastro de reflexiones y de empatía que puede llegar a ablandar hasta el más duro de los corazones y pensar a la más acallada de las mentes.

Una película feminista, que se suma, de forma artística y espectacular, a las luchas de las mujeres del país del golfo pérsico que protestan en contra de la rigidez del régimen y buscan una igualdad de derechos. Y es que la simpleza de la producción y la desbordante carga emocional e intelectual que consigue transmitir no dejaría indiferente a ningún espectador del patio de butacas.

Tres caras, pero cientos de emociones.

En dos palabras: Jafar Panahi