Alba Blanco

Alba tiene doce años y desea descubrir lo desconocido, lo misterioso y lo fascinante de la muerte. Con su mejor amigo Samuel entran en casas abandonadas, recorren pueblos destruidos y se adentran en el interior de unas montañas que esconden otro mundo paralelo. Un viaje que parte de la inocencia para descubrir el misterio de la lucha entre la vida y la muerte. (Prensa, Festival de Málaga).

Con estas premisas tan reveladoras y existencialistas, se concentra el argumento y la historia de “Trinta Lumes”, el filme de la directora gallega, Diana Toucedo.

Protagonizada por Alba Arias y Samuel Vilariño, dos actores primerizos que no tenían ningún tipo de formación actoral, la película pretende mostrar con naturalidad y pausa la historia de dos chicos jóvenes que empiezan a vivir siendo conscientes del otro lado de nuestra existencia (la muerte) en una pequeña aldea gallega.

Tal y como explico Diana, “la película está formada por fragmentos”. La gran mayoría de ellos, planos e imágenes de paisajes del monte gallego. Imágenes de vegetación verde y frondosa, humedad, lluvia, aldeas perdidas en medio de la montaña, las caras rudas pero entrañables de algunos de sus vecinos, las casas, las calles empedradas, el fuerte olor de sus chimeneas…

Todos esos planos reunidos y acompasados con la preciosa música de la película, transportan al espectador a un universo gélido y pequeño que, fuera de provocarnos rechazo o negación, nos genera añoranza y reflexión. Curiosidad y admiración.

La preparación del filme, en cuanto al proceso de montaje, tal y como se comentó Diana en la rueda de prensa que se celebró después de su primera proyección el pasado 17 de abril en el cine Albéniz , ha sido tremendamente complejo y largo. Un proceso casi de cuatro años, duró la grabación y el montaje, aunque de un modo intermitente, de esta película.

La naturaleza cobra un papel esencial, asimismo, en la narración de esta historia. Su íntima y precisa fotografía embarcan al espectador en un lirismo existencial que, más allá de atraparle como un habitante más de ese lugar, le hace sentir el ambiente gélido y lluvioso de las tierras gallegas.

Sin duda, uno de los puntos más complejos de grabar, a la par que, de los más maravillosos, tal y como comentó su directora, fue el trabajo con los niños. Dado que ninguno de ellos estaban formados como actores, durante el rodaje se pretendió desactivar el mecanismo de que los actores no sintiera las cámaras.

Diana Toucedo nos introduce en un mundo único y particular en el que, para sorpresa y agrado del público, la realidad y la ficción pueden quedar entrelazadas en ocasiones. Su directora intenta expresar mediante imágenes aquello que, algunas veces, la palabra no puede expresar. Si se pudiera definir a “Trinta lumes” con una palabra sería: sensaciones.

Y si se pudiera enmarcar a “Trinta lumes” en una categoría o género cinematográfica con una palabra, esta sería, sin duda alguna: valiente.