Poco queda ya de esas familias de las de antes atadas a la regla y a la dictadura patriarcal. Hemos cambiado, han cambiado

Alba Blanco

El mundo ha cambiado, sus familias también. Anoche vi por primera vez Cita en St. Louis. Ese maravilloso musical de Vicente Minnelli del año 1944. En el que una magnífica Judy Garland, nos deleita de nuevo con sus graciosos movimientos y su reconocible voz. Nacida para cantar en musicales y sonreír mucho. Pero sorprendernos, al mismo tiempo, con ese carácter, algo impropio para las señoritas, como diría la Metro de la época. Igual de fascinante es, sin duda, la interpretación de una jovencísima Margaret O’Brien. Con tan solo siete años, consiguió cautivar al público y a la crítica (por su papel de Tootie). Acabó siendo galardonada con un Óscar.

Para los que desconozcan la trama de este clásico musical, les adjunto una pequeña sinopsis, cortesía de FilmAffinity. El matrimonio Smith, afincado en San Luis, tiene cuatro preciosas hijas. Una de ellas, Esther (Judy Garland), de 17 años, se enamora de un vecino que acaba de instalarse en la ciudad. Sin embargo, la familia, y especialmente Esther, tienen un enorme disgusto cuando su padre les anuncia que deben trasladarse a vivir a Nueva York. Por motivos de trabajo.

Sin embargo, como siempre sucede en este tipo de películas del cine clásico hollywoodiense, esto no es más que la superficie. En el fondo la película retrata algo más allá del dulzor y los colores pastel de su historia y de sus decorados. A pesar de ser una cinta que beba de diversas interpretaciones, algo irremediablemente cierto es el carácter y el sentido del modelo de familia tradicional. Ya saben. Aquella en la que hay un patriarca, una madre que queda relegada a las decisiones de este, y unas hijas adolescentes que solo se preocupan por encontrar a un hombre que les mantenga. Menos mal que tenemos la inocencia de Tootie. Una niña demasiado pequeña como para pensar en chicos. O a Judy Garland, cuyo personaje “tiene una fuerza en los brazos como la de un hombre”.

Aunque también ha sido leída en ocasiones como una lectura, desde dentro, de las relaciones familiares. De los problemas estructurales que hay entre sus miembros, y que se dejan vislumbrar cuando algo sucede. En el caso de esta película, cuando el padre les anunció que dejarían su preciado St Louis para irse a Nueva York. Algo también remarcable, en este sentido, es sin duda el espíritu patriótico del concepto de barrio, de ciudad. Como si ese espacio reducido dentro de un país tan grande como EEUU lo abarcará todo.

Ayer, tras ver la película me dio por pensar en esas dos cuestiones. Por un lado, en el modelo de familia. Y por otro, en el sentido de pertinencia a un lugar (pero sin politiqueos de por medio, desde una óptica más sentimental). En un mundo en el que, precisamente ha sido la globalización la que ha provocado la expansión masiva e inminente de un virus desconocido hasta el momento, me parece inevitable reflexionar sobre el sentido que esto tendrá cuando nos preparemos hacia el mundo que nos espera.

Ahora que la desescalada parece ponerse en marcha, ¿nos imaginamos como Judy Garland queriendo evitar a toda costa irnos de nuestras casas, de nuestros barrios, de nuestras ciudades? ¿Qué hubiera sido por otra parte si este Covid-19 hubiera llegado en otra época, en una en la que la estructura familiar es tan jerárquica? ¿Hubiéramos sido invadidos con más miedo añadiendo a nuestro actual estado de alarma nacional un estado de alarma jerárquico en nuestros hogares?

Miren que Cita en St.Louis es una delicia, y un musical que debe verse sí o sí, miren también que el reparto es mayoritariamente femenino. Miren que Judy Garland está estupenda. Sin embargo, no pude evitar pensar en cómo hubiera sido todo esto en otro tiempo. En otro lugar, en otra ciudad, en otra casa, en otra familia. Ya saben, ahora nos recogemos con Netflix, buenas lecturas y videollamadas con los amigos y familiares. Poco queda ya de esas familias de las de antes, atadas a la regla y a la dictadura patriarcal. Hemos cambiado, han cambiado. Ya saben lo que dicen, no quedan familias como las de antes.