La música de El Madrileño destaca por su variedad. En este artículo nos zabullimos en ella para tratar de entenderla

Pavlo Verde Ortega

Un disco peculiar

De El madrileño se han dicho muchas cosas, pero pocas de su música. Sabemos que es un álbum poco convencional de acuerdo con los estándares del pop contemporáneo (signifique eso lo que signifique). Somos conscientes también de que supone un gran punto de inflexión en la carrera de C. Tangana y un alejamiento de su sonido previo. Él mismo ha declarado para La vanguardia que el proyecto cristalizó tras un dilema profesional entre “seguir en la onda de lo urbano” o “hacer un disco de madurez”. No obstante, apenas nos hemos parado a analizar el contenido concreto y todo el potencial de esta recién estrenada madurez del artista madrileño. Los siguientes artículos tienen por objetivo profundizar en dicho análisis en todos los aspectos musicales, temáticos y sociales del disco. Empecemos por el primero.

La variedad musical de El Madrileño

Salta a la vista desde el minuto cero que este es un álbum inusual. La larga lista de colaboraciones incluye a artistas de diversísima procedencia, edad y estilo. Por su lado, las canciones saltan de un género musical a otro con una característica común a casi todas ellas: van más allá de la música urbana. C. Tangana, de nuevo en La vanguardia, afirmaba: “Con la música urbana notaba que estaba poniendo un pie a un montón de cosas que yo escuchaba, admiraba y que no empleaba. Ahora he quitado ese pie y me he soltado; estoy mucho más a gusto así”.

De este modo, en el disco podemos encontrar influjos del flamenco (Tú me dejaste de querer, Ingobernable, Cuándo olvidaré, Los tontos), el pasodoble (Demasiadas mujeres) la música tradicional cubana/caribeña, como el bolero o el son (Muriendo de envidia, Te olvidaste, Un veneno), el rock (Nominao, Hong Kong), la bossa nova (Comerte entera) o la música norteña mexicana (CAMBIA!), por citar solo algunas influencias. A esta enorme diversidad musical hay que sumarle lo granado de las colaboraciones. Desde clásicos consumados de la canción latinoamericana como José Feliciano, Toquinho o Elíades Ochoa a nuevas promesas como Ed Maverick y Adriel Favela, pasando por sólidas voces del flamenco (La Húngara, El Niño de Elche, Gipsy Kings) y cantautores emblemáticos de la altura de Jorge Drexler y Andrés Calamaro, todos se dan la mano en El madrileño, aportando más variedad si cabe al álbum.

Aunque en términos generales se puede hablar de una “superación” de la música urbana, esto no quiere decir que desaparezca por completo. Más bien al contrario, algunos temas se mantienen bastante fieles al estilo previo de C. Tangana (Nunca estoy, Párteme la cara) y todos los demás contienen arreglos de producción (a cargo del mismo Tangana y de Alizz) propios de la electrónica y en menor medida del hip hop. Sin embargo, dichos géneros urbanos no actúan ya como protagonistas. Por el contrario, son parte de un mosaico mixto y multicolor que explora y juega con los límites de la música pop.

¿Un exceso de nostalgia?

A pesar de esto último a El madrileño (álbum y artista) se le ha acusado (por ejemplo. Miguel Pardo para Binaural) de conservadurismo musical. ¿En qué sentido? A ojos de este crítico Pucho parece más interesado en expresar “su admiración por los artistas con los que trabaja” que en aportar algo con su nuevo disco. Esta afirmación no me parece exacta. La labor de producción de Tangana y Alizz ayuda a renovar los géneros con los que trabajan y no simplemente a replicarlos. No obstante, tiene razón al señalar que la voluntad del proyecto no es tanto mirar hacia adelante y plantar las semillas de nuevos estilos fusión/vanguardistas sino mirar hacia atrás, a secas.

Ahora bien, quizá este regreso a viejas fórmulas sin excesivas ambiciones resulte mínimamente novedoso. No porque su intención sea renovar o transgredir, sino tal vez porque echar la vista al pasado en una escena musical que vive en un eterno y algo endogámico presente baste para causar impacto artístico y mediático. El éxito cosechado por el disco y los temas individuales parecen corroborarlo. En cualquier caso, esto es lo de menos.

Conclusión

En definitiva, ¿qué se desprende de este álbum y su música? Antes que nada, la diversidad. También la voluntad de madurar como artista por parte de su autor. Y no menos importante, el deseo de cuestionarse la identidad propia a través del sonido. Supone una pregunta por lo hispano y lo español de la mano de algunas de las músicas más idiosincráticas de los países de habla hispana a ambos lados del Atlántico. Ahora bien, en este meollo sonoro/identitario todavía queda una pregunta por responder: ¿quién es El madrileño?

Para más info sobre la música del álbum véase este repaso tema por tema.

Para más info sobre las colaboraciones aquí un artículo sobre todos los participantes.