Un análisis sobre cómo la revolución digital y el trabajo en plena crisis de pandemia

Cake el Funko

En plena revolución digital que estamos viviendo, hemos tenido que luchar contra una pandemia a nivel mundial. Esto ha hecho que la forma de relacionarnos cambiará, evidenciando las diferencias sociales y la fragilidad del mercado. También hemos visto que empessas se han tenido que adaptar de forma telemática. Incluso suprimiendo intermediarios.

Esto no es algo nuevo, ya que poco a poco con la revolución digital se estaba dando. Sin embargo la pandemia ha dado un salto pare evidenciar estos cambios.

Al igual que ocurrió entre el siglo XVIII y XIX, el avance de la tecnología provocó un gran cambio en el paradigma social, ya que supuso la implantación del modelo capitalista tal y como lo entendemos ahora, visibilizando las diferencias de clase o estratos sociales, generando desigualdad entre las mismas ya que una tiene los medios de producción y capital para invertir, mientras que la otra es la gente trabajadora que es comprada por el capital para crear determinados bienes.

Antigua imagen de una fábrica

La adquisición de estas máquinas supuso una manera nueva de entender el trabajo. El esfuerzo que genera un trabajador es más costoso y menos eficiente que el que puede realizar una máquina. Esto hizo que muchas personas perdieran su trabajo, generando desigualdades sociales entre campesinos y obreros, frente a los nuevos dueños de la insdustria.

Con la evolución de la tecnología, se puede entender que en muchos puestos de trabajo se haya una sustitución. Por ejemplo, que no sea necesario gran cantidad de vendedores teniendo una tienda online.

Algunos expertos estipulan que casi un 50% de los empleos actuales podría hacerlo una máquina o algoritmo, especialmente centrados en el sector servicios como es venta, seguros, hostelería, construcción…

Con la pandemia se ha hecho más que evidente, especialmente con la crisis económica que está empezando a golpear y dejando un horizonte incierto. Economistas hablan de una economía bajo demanda. Afirman que la riqueza reside en la gran cantidad de demandas por satisfacer de una forma rápida e inmadiata. El trabajador ideal, por lo tanto, sería uno que se adaptase a las demandas exigidas de la sociedad para consumir. Lo que conocemos como flexibilidad del trabajador y estar preparado para satisfacer dichas demandas. Alabando incluso el tener varios trabajos.

Sin embargo, en un futuro donde un 50% de los empleos podrán desaparecer es inviable en primer lugar en calidad de vida, ya que trabaja uno para subsistir, vive para trabajar, teniendo poco tiempo para disfrutar del ocio y por lo tanto consumir. Por otro lado, obtener un trabajo será un erial si todo el mundo compite por su subsistencia. Y esto no es algo tan novedoso debido a la precariedad laboral que existe actualmente.

Este precariedad no hace sostenible el empleo a largo plazo, ni mucho menos la vida de los trabajadores. A esto añadir una nueva crisis y que la tecnología hará desparecer un gran porcentaje de trabajo.

¿Qué ocurrirá si una parte importante de la población no tiene empleo? ¿Qué riqueza genera? Y lo más importante, ¿cómo sobrevive el día a día esa persona si no tiene dinero?

Esta realidad nos hace pensar que a lo mejor el modelo económico es el que falla, ya que si no todo el mundo va poder trabajar, ¿cómo sobrevivir entonces? ¿Cómo consumir bienes y servicios para subsistir o para disfrute de los mismos? ¿Cómo reproducirnos o relacionarnos? Si el trabajo no va a ser la fuente de ingresos de muchas personas, hay que buscar otras alternativas para generar riqueza o trabajo.

Una crisis que puede que nos estalle

Una opción podría ser un salario universal, pero, ¿de dónde se saca ese dinero? Si la gente no produce, ¿cómo se devuelve ese dinero a las arcas del estado para que vuelva a salir más dinero y se puedan realizar otras proyectos presupuestarios?

Habría que plantear o repensar un sistema económico que garantizase el bienestar de todo el mundo y no fomente el trabajo sino las virtudes humanas como el pensamiento, el arte, el ocio o la creatividad, donde el trabajo no sea más que puro hobby del bien común, alguien con habilidad que ofrece su tiempo a los demás.

Para ello habría que trabajar sobre una base educativa comunitaria, donde se deje un sentimiento de pertenencia, aspecto dificil por el marco en el que vivimos donde la tecnología nos hace ser cada vez más individuales en todas las facetas de relaciones, generando una falsa sensación de libertad cuando en realidad es miedo o sensación de seguridad.

Sería un modelo idílico donde no importa tanto el beneficio que uno genere, sino el tiempo que uno dedica. Una meta útopica pero que podría tener sus cimientos gracias a esta revolución.