Alba Blanco

Es complicado concebir el personaje de Parvana, la protagonista de “El pan de la guerra” de Deborah Ellis, sin hablar de su autora.

Nacida en Canadá, desde muy joven, ha estado comprometida con la lucha por la justicia y la igualdad entre hombres y mujeres. Feminista y activista social, publicó su primera novela en el año 1999, “Asociación de Bibliotecarios Canadienses”. Antes de escribir esta historia, la autora, pasó varios meses en campos de refugiados en Pakistán y Rusia y durante su estancia allí le llegó la historia de una niña afgana que tenía que vestirse de chico para poder sacar adelante a su familia. Esa dura historia pasó a convertirse en un grito de lucha y, por qué no decirlo, en un pedacito de arte para la eternidad.

Publicada en el año 2005, “El pan de la guerra” de Deborah Ellis nos traslada hasta Kabul (Afganistán) en una época un tanto complicada: en plena guerra con los talibanes. Su historia nos mete de lleno en la familia de la pequeña Parvana, una niña de tan solo once años que se ve obligada, debido a la guerra, a dejar todo: colegio, amigos y un futuro.

La historia, que ya de por sí es difícil, se tuerce cuando el ejército talibán se lleva preso al padre de Parvana. A partir de ese momento, la niña se ve obligada a tener que dar un empujón a su familia y salir adelante.

Dada la situación y la posición que ocupa la mujer en Afganistán, apoyada por su madre y sus hermanos, Parvana decide hacerse pasar por un niño para poder ir a trabajar al mercado y ganar dinero para alimentar a su familia.

La dura situación del país y el machismo que sufren las mujeres nos recuerda la complicada situación que países como Afganistán ha recorrido a lo largo de su historia.

La actriz y directora, activista y colaboradora en distintos proyectos humanitarios, Angelina Jolie, produjo en el año 2017, esta historia dándole imagen y color en una preciosa película animada. El film recibió muy buenas críticas y premios como un Premio Oscar a Mejor Largometraje de Animación y un Globo de Oro.

“Una obra de animación hermosamente elaborada que cuenta una poderosa historia. Sobresale en su campo”. Steve Pond: The Wrap.

“Confronta directamente la misoginia y el chovinismo del Afganistán contemporáneo, sugiriendo con fuerza que las historias pueden servir para salir adelante y para lograr el cambio”. Peter Debruge: Variety.

La historia y sus personajes hacen eco de una sociedad que maltrata a la mujer, en particular, y al ser humano en general pero que no obstante no oprime ni la fuerza ni las esperanzas de estos.

Parvana, con tan solo once años refleja ese espíritu de lucha y de esperanza de un país que se cae a cachos y de una sociedad machista que no quiere dejar que las mujeres hablen. La importancia de la educación y de la cultura como arma (no destructiva) para erradicar el horror nos recuerda (al mundo Occidental) una vez más, que la ayuda que necesitan no es de armas, sino de libros.

“El pan de la guerra” no habla solo de Parvana. Ni siquiera habla únicamente de Afganistán. Habla de aquella mujer siria que debido a la guerra ha tenido que marcharse de casa. Habla de aquel hombre que dejó truncado su sueño y que ahora vive en un campo de refugiados en condiciones deplorables. Habla de la guerra en todas sus caras, en aquellas que dejan ver lo peor del ser humano, pero también, en aquellas que dejan vislumbrar lo mejor.

Este libro es tan real como necesario y debería hacernos reflexionar a todos, tanto como lectores como humanos, sobre la responsabilidad social y cultural que tenemos sobre todas aquellas personas a las que la voz se les ha sido arrebatada.