Saccharine: el horror de no sentirse suficiente

Presentada en Sundance, Saccharine utiliza el body horror para explorar la presión estética y la identidad

Saccharine

Desde hace unos años el cine de terror parece haber encontrado un interés cada vez mayor por temas relacionados con el cuerpo, la imagen personal y las presiones sociales que existen alrededor de ambos conceptos. Películas como Crudo o The Substance han utilizado el horror como una forma de hablar sobre inseguridades bastante reales. Saccharine, la nueva película de Natalie Erika James, entra precisamente en ese terreno, aunque lo hace desde un lugar algo más incómodo. Más allá de utilizar el body horror como una sucesión de escenas desagradables o impactantes, la directora vuelve a acercarse a cuestiones como la culpa, las heridas familiares y aquello que cargamos sin decirlo demasiado alto.

La historia sigue a Hana, interpretada por Midori Francis, una estudiante de medicina atrapada dentro de una relación muy complicada con su propio cuerpo. Aunque quienes la rodean parecen verla como una persona completamente normal, Hana vive inmersa en una espiral marcada por la obsesión, la comparación constante y la sensación de que algo en ella necesita cambiar para poder sentirse aceptada. Entre dietas, ejercicio y una percepción cada vez más distorsionada de sí misma, descubre una misteriosa sustancia, una especie de tratamiento para adelgazar que promete resultados rápidos. El problema llega cuando descubre que detrás de esa aparente solución existe algo bastante más inquietante: las cápsulas están relacionadas con cenizas humanas.

Saccharine

Lo interesante es que Saccharine nunca presenta esta situación como un problema aislado o como una simple cuestión de vanidad. Natalie Erika James construye la película alrededor de algo mucho más complejo. Hana no quiere perder peso únicamente porque sí. Lo que busca realmente es una sensación de control y una versión de sí misma que cree que debería alcanzar para ser suficiente. A medida que avanza la historia resulta evidente que la película habla menos sobre adelgazar. Habla mucho más sobre el modo en que determinadas ideas terminan instalándose dentro de una persona hasta convertirse en una forma de relacionarse consigo misma.

La película conecta con cuestiones muy presentes en la actualidad

Redes sociales llenas de cuerpos imposibles, discursos sobre bienestar convertidos en exigencias constante. Una industria que durante años ha vendido la idea de que siempre existe una versión mejor de uno mismo esperando al final de algún método milagroso. Saccharine utiliza un elemento sobrenatural para llevar todo eso a un extremo. Aunque la sensación que transmite resulta incómoda precisamente porque muchas de las dinámicas que muestra no parecen tan lejanas. Diversas lecturas sobre la película han señalado que James utiliza el terror como una forma de cuestionar esa búsqueda obsesiva de perfección física y el desgaste emocional que suele acompañarla.

La propia construcción de Hana evita convertir al personaje en un estereotipo. Su relación con la comida, con la culpa y con la imagen que tiene de sí misma aparece atravesada por otros factores relacionados con la familia, la presión social y la autoestima. La película deja entrever además una dinámica familiar marcada por modelos opuestos y expectativas difíciles de gestionar. Su madre representa una disciplina casi obsesiva alrededor del cuerpo y la alimentación, mientras que la figura paterna aparece como una presencia distante y problemática. Todo ello contribuye a construir un personaje que no vive únicamente una lucha física, sino también emocional.

Saccharine

Visualmente, Natalie Erika James continúa demostrando algo que ya resultaba evidente en anteriores trabajos. Sabe construir imágenes incómodas sin necesidad de apoyarse constantemente en el sobresalto fácil. La película trabaja mucho con texturas, sonidos y una sensación física bastante desagradable. Hay una atención especial al cuerpo y a la forma en que este se transforma, se rompe o se percibe a sí mismo. La cámara insiste constantemente en detalles corporales, gestos nerviosos o pequeños elementos cotidianos que terminan adquiriendo una carga extraña. El diseño sonoro también juega un papel importante, creando una sensación casi constante de incomodidad que acompaña la experiencia de Hana.

Quizá uno de los aspectos más llamativos de Saccharine sea que, incluso cuando abraza plenamente el horror corporal, sigue funcionando como una historia sobre la vergüenza. La vergüenza de ocupar espacio. La vergüenza de no responder a determinadas expectativas y la vergüenza de sentir que nunca se alcanza aquello que otros parecen conseguir con facilidad. La película también introduce elementos relacionados con la identidad y el deseo. Plantea preguntas sobre si determinados modelos de belleza terminan convirtiéndose también en modelos de vida que muchas personas sienten la obligación de perseguir.

Puede que Saccharine no encuentre el equilibrio perfecto entre todas las ideas que quiere abordar

En algunos momentos parece querer hablar simultáneamente sobre trastornos alimentarios, presión estética, relaciones familiares, identidad y dinámicas sociales, y no todas esas piezas terminan desarrollándose con la misma profundidad. Sin embargo, incluso cuando la película se acerca demasiado al exceso, sigue manteniendo algo que la hace interesante: la sensación de que Natalie Erika James no utiliza el terror únicamente como espectáculo, sino como una herramienta para hablar sobre inseguridades muy reales.

Saccharine parece preguntar cuánto daño estamos dispuestos a hacernos a nosotros mismos para parecernos a una versión idealizada que probablemente nunca existió realmente.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Leer y personalizar
Privacidad