Amalia Pont

La semana pasada hablamos del Land Art, una corriente artística que crea obras por y para la naturaleza, basándose solo de los materiales que esta proporciona para crearlos. Esta semana vamos a seguir un poco por esa corriente, ya que vamos a hablar de Agustín Ibarrola, un artista español que, como bien dice el titular, se dedicaba a pintar bosques.

Pintor de bosques

La obra de Ibarrola es muy diversa, no solo tiene obras de Land Art, sino que tiene también cuadros, grabados, escultura, etc. Es un artista muy variado que trabaja sobre casi todos los medios posibles. Una de las razones para esto puede ser las condiciones en las que ha creado muchas de sus obras, y es que Ibarrola no solo es conocido y relevante por su aportación al mundo del arte, sino también por su acción política.

En 1962 es juzgado y sentenciado a 9 años de cárcel por pertenecer al partido comunista. Desde la cárcel continua pintando y dibujando disponiendo de los materiales que le proporcionan sus propios compañeros de cárcel. Estas obras “ilegales” son sacadas de la cárcel y expuestas en Londres, París, Bélgica, Alemania e Italia.

En 1965 sale de la cárcel pero es encarcelado de nuevo en 1967 hasta 1969. Después de eso se compra un caserío en Gametxo, donde asienta su estudio y almacena casi todas sus obras. En 1975 un grupo de la extrema derecha quema el caserío con él todas sus obras.

Tras este incidente comienza a dar clase durante los años 80 en la facultad de bellas artes de la universidad del país vasco. No es hasta 1982 que crea una de sus obras más conocidas, “el bosque de Oma” en Bizkaia. Obra que sufrió dos atentados terroristas en el 2000 y el 2003 debido a las opiniones y el activismo en contra de ETA por parte de Ibarrola, quien tuvo que ser escoltado por estas mismas razones desde el 2000 hasta el 2012.

 

Sin embargo Ibarrola no es solo su vida política. Ibarrola es sobretodo su arte. Un arte movido por sus ideas y sus pasiones y en los cuales podemos ver las diferentes caras y vivencias de un mismo hombre. En sus obras creadas durante sus épocas en la cárcel podemos ver claramente su sufrimiento, la falta de libertad y se puede sentir a una persona que grita por ser liberada y escuchada libremente, sin prejuicios. Sin embargo en sus obras más escultóricas como pueden ser el bosque de Oma o las piedras de Ourense se ve esa fuerza y alegría por la vida, transmitida por los colores vivos y las formas extravagantes.

Es impresionante como una persona que ha sufrido tanto puede crear obras que transmiten tanta felicidad. Pero lo más impresionante es las veces que le han intentado callar, apagar y destruir y él consigue salir adelante cada vez más fuerte que la anterior.