Aronofsky viaja a la Nueva York de los 90 con ‘Bala perdida’, una atractiva comedia de acción a ritmo de punk, home runs y disparos.
La vida de Hank Thompson no es una vida muy distinta de la de otros personajes de películas de acción y crímenes. Brillante jugador de béisbol con su carrera frustrada por un accidente, alcohólico, atormentado por su pasado, trabaja en un bar de mala muerte en la Nueva York ‘grunge’ y amoral de los 90, llama a su madre cada semana para comentar el partido de los Giants y sale con Yvonne, una chica inteligente y atractiva que le pide un compromiso al que él aún no parece estar del todo dispuesto.
Un chico bueno en un ambiente que no lo es tanto. De la noche a la mañana, acaba envuelto por accidente en una odisea neoyorquina de misterio, persecuciones en coches, palizas y un reguero de muertes a sus espaldas. Con la mafia rusa, puertorriqueña y judía pisándole los talones, Hank debe superar los miedos y la culpa para hacerse responsable de una vez de su propia vida.

El drama psicológico de un “bala perdida”
El director neoyorkino Darren Aronofsky regresa a los presupuestos de decenas de millones tras la rentable La ballena (2022). Proveniente del cine indie, las señas de identidad a las que nos tenía acostumbrados y que se pueden ver desde sus primeros trabajos como Cisne negro (2010) hasta los más recientes como Madre! (2017), también están presentes en Bala Perdida: humor negro, interés por la psicología de los personajes y violencia perturbadora impregnan la cinta, también señas de identidad de la novela homónima de Charlie Huston que adapta.
Austin Butler encabeza el reparto en el que puede ser su mejor papel hasta la fecha, desde que estrenara en Cannes el Elvis (2022) de Baz Luhrman. Butler despierta ternura y simpatía al encarnar a un personaje tan perdido en sí mismo y en su pasado que es incapaz de prever la que se le viene encima. Su contrapunto es Yvonne, interpretada por una carismática Zoë Kravitz a la que el guion en absoluto hace justicia, como ya pasó en The Batman (2022). Eso sí, la química entre ambos es de lo mejor de la cinta y traspasa la pantalla, atrayendo todas las miradas en las alfombras rojas y despertando rumores muy rentables tras la reciente ruptura de ambos con sus respectivas parejas.
Destaca también la caracterización, que deja irreconocibles a Matt Smith (Morbius), como un británico muy británico y muy ‘punky’, a Liev Schereiber (Ray Donovan) y Vincent D’Onofrio (Daredevil) como la pareja de judíos terroríficos, y al mismísimo Bad Bunny (Bullet Train), que continúa así su corta carrera como actor con un estereotipado villano puertorriqueño y pelirrojo. Completa el reparto la oscarizada Regina King (El blues de Beale Street) como la policía aliada Elise Roman.

Acción, nostalgia y el toque oscuro de Aronofsky
La película se presenta desde el primer momento como una comedia sexy de acción al ritmo de los Idles, que componen la banda sonora. Sin embargo, el humor negro del primer acto se diluye por el camino, dando lugar a un segundo acto que, aunque disfrutable, se deja llevar demasiado por el dolor y la culpa del protagonista al más puro estilo Aronofsky. Igualmente, el juego del título en inglés (Caught Stealing) con las ‘pickoffs’ del béisbol se pierden en la adaptación, dejando que la acción y un espectacular diseño sonoro hablen por sí solos.
En este sentido, Aronosfky opta por no actualizar demasiado y ser fiel al libro, lo que lleva a ciertos momentos que resuenan más con una comedia de acción “tarantinesca” de los años 90 que con el presente. Los últimos años han probado que la nostalgia funciona bien en taquilla, pero aquí no acaba de encajar, especialmente con el personaje de Yvonne. Su trama se mantiene fiel al libro, pero al ver la presencia de Kravitz en pantalla, nos invita a preguntarnos qué hubiera pasado si se le hubiera dado importancia más allá de como mero reclamo comercial. Algo problemático además si tenemos en cuenta el tratamiento de los dos únicos personajes femeninos aparte de ella: la policía Roman y su desenlace, y la madre de Hank, una querida actriz de Hollywood que ni siquiera aparece acreditada para mantener la sorpresa hasta su aparición final en un escaso primer plano.
Eso sí, la violencia contra los animales tan explícita en el libro se suaviza (directamente, no se muestra) en la película. Eso que se lleva Tonic, el encantador gato protagonista que merece mención aparte y al que ya vimos en Cementerio de animales (2019).
Entretenimiento noventero
Bala perdida supura testosterona y tormento, pero también simpatía y sentido del humor. Clara deudora de ¡Jo, qué noche! de Scorsese (Griffin Dunne interpreta al jefe de Hank), la de Aronofsky es una película que, aunque no acierta en todas sus decisiones, entretiene y divierte a partes iguales como sólo una comedia de acción de los noventa podría hacer.
Estreno en cines el 10 de octubre.






























