Nicholas Galitzine lidera una versión de He-Man y los Masters del Universo que abraza la fantasía clásica sin complejos.


Durante años, cada vez que Hollywood anunciaba una nueva adaptación de He-Man, la reacción solía ser bastante parecida: curiosidad mezclada con una buena dosis de escepticismo. Al fin y al cabo, estamos hablando de una franquicia nacida en los años 80 alrededor de una línea de juguetes donde un guerrero musculado combate a un villano con cara de calavera en un mundo donde conviven castillos medievales, tecnología futurista y tigres gigantes. No parecía precisamente el material más sencillo de trasladar al cine actual.
La nueva película, dirigida por Travis Knight, sigue a Adam, interpretado por Nicholas Galitzine, un príncipe separado de Eternia durante años que ha terminado construyendo una vida aparentemente normal en la Tierra. Cuando la Espada del Poder vuelve a aparecer, Adam se ve obligado a regresar a un mundo completamente transformado por el dominio de Skeletor y asumir por fin el papel para el que estaba destinado.
La premisa es sencilla y la película tampoco pretende disfrazarla de algo más complejo. No hay grandes giros argumentales ni intentos de convertir la historia en una reflexión trascendental sobre el destino de la humanidad. Lo que hay es una aventura fantástica que abraza sin complejos todo aquello que hizo popular a la franquicia hace décadas.

Probablemente ahí esté uno de sus mayores aciertos
En una época donde muchas adaptaciones parecen avergonzarse de sus propios orígenes, Masters del Universo hace exactamente lo contrario. Eternia es exagerada, colorida, extraña y muchas veces rozando lo ridículo. Pero la película entiende que precisamente eso forma parte de su identidad. En lugar de intentar convertir este universo en algo oscuro o hiperrealista, decide potenciar toda esa mezcla imposible de fantasía, ciencia ficción y espectáculo que siempre caracterizó a la saga.
También ayuda bastante que Nicholas Galitzine funcione sorprendentemente bien como Adam. Más allá del evidente cambio físico que exigía el personaje, consigue aportar cierta humanidad a un héroe que históricamente nunca destacó precisamente por su profundidad. Su versión de Adam resulta más insegura, más cercana y bastante más interesante de lo que cabría esperar de alguien cuyo principal poder consiste en transformarse en el hombre más fuerte del universo.

Pero si hay alguien que entiende perfectamente el tono de la película, ese es Jared Leto. Su Skeletor está completamente desatado. Exagerado, teatral, extravagante y con una energía que parece salida directamente de un dibujo animado. En cualquier otra película seguramente sería demasiado, pero aquí encaja bastante bien con el tipo de mundo que propone la historia. Cada aparición suya añade una dosis extra de diversión a una película que nunca tiene miedo de abrazar su lado más excéntrico.
Eso no significa que todo funcione siempre igual de bien.
El arranque tarda demasiado en encontrar el ritmo adecuado y hay momentos donde la película parece debatirse entre la aventura épica y la comedia autoconsciente. Algunas escenas en la Tierra se alargan más de la cuenta y ciertos efectos visuales resultan bastante más convincentes que otros. Además, con más de dos horas de duración, hay secuencias que podrían haberse beneficiado de un montaje algo más ágil.
Aun así, cuando Masters del Universo entra de lleno en Eternia es donde realmente encuentra su mejor versión. Las escenas de acción tienen energía, el diseño de producción aprovecha al máximo el potencial visual del universo y la banda sonora acompaña perfectamente esa sensación constante de aventura ochentera actualizada para una nueva generación.

Al final, He-Man y los Masters del Universo no intenta reinventar la rueda ni convertirse en la próxima gran saga cinematográfica. Lo que hace es mucho más sencillo: recordar por qué este personaje ha conseguido mantenerse vivo durante más de cuarenta años.
Lo consigue sin pedir perdón por ser exactamente lo que siempre ha sido. Una historia de héroes, villanos, espadas mágicas y mundos imposibles. A veces, eso es más que suficiente.






























