Tras la condena de sus directores a catorce meses de cárcel por “ofensa a la moral pública”, se estrena en España ‘Mi postre favorito’, una película tierna y compleja que se enfrenta a la represión en Irán.

Mahin se siente sola. A sus 70 años es viuda, sus hijos viven en Europa y, aunque tiene amigas, no tiene con quien compartir vida diaria. Su única compañía son las plantas del jardín de su casa en Teherán, a las que cuida con esmero. Una tarde, mientras toma el té con sus amigas, decide recuperar su vida amorosa. No es tarea fácil en un Irán en el que desde hace décadas las relaciones entre hombres y mujeres están limitadas y observadas. Sin embargo, conoce a Faramarz, un taxista divorciado hace décadas con quien comparte la misma soledad y ganas de vivir. Tras invitarle a su casa, ambos comparten una noche de baile, vino, comida, cariño y comprensión que termina con un desenlace inesperado.
Una historia aparentemente sencilla
En apariencia, ‘Mi postre favorito’ es una comedia romántica sobre la dificultad de encontrar compañía a partir de cierta edad y sobre la soledad no deseada, temas con los que público de todo el mundo puede conectar fácilmente. Pero en verdad, Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha (El perdón), directores habituales en la Berlinale y ganadores de varios reconocimientos internacionales, han logrado sobreponerse a los aparatos de censura del régimen iraní, creando una película única, inteligente y de gran repercusión.
Su denuncia a la policía moral, el organismo gubernamental que, entre otras actividades, se encarga de detener a las mujeres que no llevan el hiyab puesto correctamente, es constante a lo largo de la película. También lo es el recuerdo lleno de tristeza de un Teherán que ya no existe, salvo en la memoria de sus personajes. Para ello, Lili Farhadpour (Mahin en la cinta) y Esmaeel Mehrabi (Faramarz), conducen el relato de forma magistral, con mucha química y cariño, lo que hace que el espectador empatice con la pareja desde el primer momento.
Su resolución repentina y metafórica es el culmen de este gol al régimen, camuflado en una historia aparentemente dulce que en verdad encierra una brutal denuncia a estos cuarenta años de represión. Así se entiende mejor por un lado la prohibición a sus directores para salir del país, lo que les impidió acudir al estreno en la 74 Berlinale, donde estuvo nominada al Oso de Oro y recibió el premio FIPRESCI. Y por otro, la sentencia inicial a catorce meses de prisión contra Moghaddam y Sanaeeha por “propaganda contra el régimen” y “ofensa a la moral pública”.

Luz cálida y tarta de higos y vainilla
Las primeras escenas de Mahin sola, encuadrada en los márgenes del plano, dejan espacios amplios a la vista, haciendo aún más evidente el vacío del personaje. Esta soledad se rompe primero en el té con sus amigas, una escena que recuerda a los cómics y películas de Marjane Satrapi (Persépolis), con mujeres hablando de sus cuerpos, sus matrimonios fallidos y su sexualidad.
Más tarde, será el encuentro entre ella y Faramarz el que llene la casa, ahora con una luz más cálida y una cámara inquieta que recorre el espacio siguiendo a los personajes por las distintas estancias, llenas de risas, bailes, olor a higos y vainilla. Sus conversaciones contienen nostalgia por un pasado que les fue arrebatado, ilusión por un presente que creían imposible y esperanza por un futuro en compañía que, sin embargo, se desdibuja rápidamente.
Una película dulce y audaz
‘Mi postre favorito’ es una historia tierna que se siente como un abrazo cálido. Aun así, no nos permite olvidar la realidad del país, rompiendo con la fantasía de una forma que probablemente para algunos resulte dolorosa.
Su resolución agridulce comprende tanta delicadeza, verdad y coraje que, más allá de su retrato de la represión y el descontento de los ciudadanos, en ella se encuentra el mayor peligro de la película y el principal motivo de los ataques a la libertad de sus directores.
En cines este 8 de agosto, una película inolvidable e imprescindible en el Irán del presente que participó en la última edición de Seminci, al igual que ‘Tres kilómetros al fin del mundo’.






























