La nueva película de Curry Barker juega con los códigos del romance para convertirlos en algo mucho más incómodo

Hay películas de terror que nacen alrededor de una criatura, una casa embrujada o una amenaza imposible de explicar. Obsession juega a algo distinto porque su punto de partida es mucho más reconocible y probablemente más incómodo. La nueva película de Curry Barker toma una idea aparentemente sencilla —querer que alguien te quiera— y la convierte en una historia que habla menos sobre fantasmas o maldiciones y más sobre la forma en la que ciertas ideas sobre el amor pueden terminar convirtiéndose en algo peligroso. Y precisamente ahí aparece una de las cosas más interesantes de la película: consigue coger una premisa que podría haber acabado convertida en un simple ejercicio sobrenatural y llevarla hacia algo bastante más incómodo y mucho más personal.
La historia sigue a Bear, interpretado por Michael Johnston, un joven tímido y algo perdido que lleva tiempo enamorado de Nikki, interpretada por Inde Navarrete, una amiga y compañera de trabajo a la que nunca ha conseguido expresar lo que siente realmente. La situación parece la típica dinámica que el cine romántico ha repetido durante años: alguien enamorado en silencio esperando el momento adecuado para decir lo que siente. Sin embargo, Curry Barker utiliza precisamente esa estructura para darle la vuelta poco a poco. Todo cambia cuando Bear utiliza un extraño objeto llamado Sauce de los Deseos una especie de amuleto capaz de conceder un deseo. En un momento de frustración pide algo aparentemente simple: que Nikki lo quiera más que a nada en el mundo. Evidentemente, las cosas no salen exactamente como esperaba.
No es una simple historia sobre deseos

La película utiliza ese elemento fantástico para acercarse a algo bastante más incómodo. Poco a poco queda claro que el centro de la historia no es la magia ni la posesión, sino la obsesión por controlar aquello que sentimos y la necesidad de convertir el amor en una especie de recompensa. Al final, la película funciona como una mirada bastante clara a la dependencia emocional, a las relaciones tóxicas y a esa forma equivocada de entender el afecto como algo que puede conseguirse o poseerse.
Pero probablemente una de las mayores virtudes de Barker está en la forma en la que maneja el tono. Durante los primeros minutos la película juega con elementos que recuerdan incluso a una comedia romántica o a una historia juvenil bastante reconocible. Hay conversaciones incómodas, pequeños momentos absurdos y una ligereza que hace que todo parezca moverse dentro de un espacio relativamente familiar. Y precisamente por eso funciona tan bien cuando empieza a romper esa normalidad. La película no cambia de golpe; va deformando poco a poco aquello que parecía seguro hasta convertirlo en algo extraño. Gran parte de la incomodidad nace de ahí, de sentir que reconoces el lugar donde estás pero algo ya no encaja exactamente igual.
Baker consigue que la película tenga personalidad propia
Habría sido fácil apoyarse únicamente en la violencia, en escenas exageradas o en la provocación visual, pero Obsession parece mucho más interesada en construir una tensión constante que va creciendo lentamente. La sensación de incomodidad aparece antes que el miedo y eso hace que muchas escenas funcionen especialmente bien. Incluso cuando la película abraza completamente sus elementos más extraños, sigue manteniendo los pies dentro de algo reconocible.

También resulta interesante que Nikki no funcione únicamente como una figura pasiva dentro de la historia. Inde Navarrette consigue darle una presencia mucho más fuerte de la que podría parecer al principio y evita que el personaje quede reducido simplemente a un objetivo romántico dentro de la trama. A medida que la situación se vuelve más extrema, la relación entre ambos personajes termina convirtiéndose en uno de los motores principales de la película.
Visualmente, Barker apuesta por una puesta en escena relativamente sencilla, pero sabe aprovecharla bastante bien. La película no depende constantemente del susto rápido ni necesita sobrecargar cada escena. Prefiere construir tensión a través de pequeños detalles, silencios y situaciones cotidianas que empiezan a sentirse cada vez más raras. Además, el ritmo ayuda bastante a que esa sensación funcione. Hay momentos donde parece que todo avanza con cierta calma y precisamente por eso la historia consigue que el espectador permanezca incómodo durante prácticamente toda la película.
Quizá una de las cosas que mejor hace Obsession es que el miedo nunca nace de algo lejano. No hay una amenaza escondida esperando en la oscuridad ni una criatura imposible. El terror aparece en algo mucho más reconocible: la idea de querer tanto algo que acabes dejando de ver a la otra persona como alguien real. Ahí es donde la película encuentra gran parte de su fuerza. Porque detrás del horror y de los elementos sobrenaturales, Curry Barker construye algo que funciona sorprendentemente bien: una película incómoda, extraña y bastante inteligente que consigue que algo aparentemente cotidiano termine resultando perturbador.






























