Más de dos décadas después, Scary Movie regresa a los cines el 5 de junio.

Hay franquicias que regresan porque tienen algo nuevo que contar. Y luego está Scary Movie. La saga creada por los hermanos Wayans siempre ha funcionado bajo una filosofía mucho más sencilla: coger todo lo que está de moda, triturarlo en una batidora y lanzar los chistes a una velocidad tan absurda que alguno terminará funcionando por pura estadística.
Más de una década después de la última entrega, Scary Movie 6 recupera a varios de los rostros más reconocibles de la franquicia. Cindy, Brenda, Ray y Shorty vuelven a encontrarse perseguidos por un nuevo asesino enmascarado en una historia que, como era de esperar, sirve de excusa para burlarse del cine de terror contemporáneo y de buena parte de la cultura popular actual.

Lo primero que llama la atención es que la película parece mucho más interesada en recuperar el espíritu de las dos primeras entregas que en continuar el camino de las secuelas posteriores. La presencia de Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans y Shawn Wayans devuelve a la saga una identidad que llevaba años perdida. Desde el primer minuto queda claro que el objetivo principal es reconectar con aquellos espectadores que crecieron viendo las locuras de principios de los 2000.
La película entiende perfectamente qué espera su público
Hay referencias constantes al cine de terror reciente, desde asesinos enmascarados hasta fenómenos sobrenaturales, pasando por algunas de las franquicias más populares de los últimos años. Todo se convierte en material para la parodia. No siempre con la misma efectividad, pero sí con una energía que resulta contagiosa.
El problema es que Scary Movie 6 también demuestra que el género de la parodia ha cambiado muchísimo desde que la saga comenzó. A principios de los 2000 bastaba con exagerar una escena famosa, añadir un par de chistes escatológicos y dejar que el reparto hiciera el resto. Hoy la fórmula ya no resulta tan novedosa y algunas bromas tienen más gracia como referencia que como chiste en sí mismo.
Aun así, la película evita caer constantemente en la nostalgia vacía. Hay momentos donde consigue encontrar un equilibrio bastante efectivo entre homenajear sus raíces y adaptarse a un panorama cultural completamente distinto al de hace veinte años. Se nota especialmente en el ritmo. Aunque sigue apostando por el humor absurdo, las escenas están algo más contenidas y menos saturadas de bromas que en las primeras entregas. La sensación es que la saga ha madurado ligeramente sin renunciar a su ADN más gamberro.

Anna Faris vuelve a demostrar por qué Cindy siempre fue el corazón de la franquicia. Su capacidad para reaccionar con absoluta seriedad a las situaciones más ridículas sigue funcionando tan bien como hace dos décadas. Lo mismo ocurre con Regina Hall y los hermanos Wayans, que recuperan la química que convirtió a los personajes originales en uno de los elementos más queridos de la saga.
Visualmente tampoco intenta reinventar nada
La puesta en escena está al servicio de los chistes y del homenaje constante al cine de terror. Cuando la película se obsesiona demasiado con encadenar referencias, pierde algo de fuerza. Pero cuando deja respirar las situaciones y permite que los personajes hagan lo suyo, recupera parte de la magia que convirtió a Scary Movie en un fenómeno cultural.
Scary Movie 6 no viene a demostrar que la comedia ha evolucionado ni que la saga tiene grandes cosas que decir sobre el estado actual del terror. Lo que ofrece es algo mucho más sencillo: noventa minutos de humor absurdo, referencias cinematográficas y personajes que parecen incapaces de aprender de sus errores.
Quizás esa sea precisamente la razón por la que sigue funcionando. Porque mientras buena parte de Hollywood intenta convertir cada franquicia en un acontecimiento trascendental, Scary Movie sigue siendo exactamente lo que siempre fue: una tontería gigantesca que sabe perfectamente que lo es.






























