‘Siempre es invierno’ | Un extraordinario guion que florece en invierno

David Trueba regresa con una obra sublime sobre el desamor, la nostalgia y el romanticismo

Cuando un Trueba se propone hacer algo nuevo, suele lograr sus objetivos. Lo vimos con Jonás Trueba el año pasado al estrenar una idea revolucionaria en su metraje Volveréis. También con la larga lista de David Trueba de películas que acaban acariciando al espectador. Lo vimos en su adaptación de Soldados de Salamina, en Vivir es fácil con los ojos cerrados, y más recientemente en Saben Aquell.

Demostrando que es un romántico que aquello que reposa en la sociedad, David Trueba vuelve a confiar en David Verdaguer para adaptar su novela Blitz. Esta vez para hablar sobre desamor, nuevas metas, la frustración laboral… y recordar que el motor de esta vida frenética no es otra cosa que el amor.

Sustituyendo Múnich, la ciudad original de su novela, por una ciudad de Bélgica, Trueba busca recolocar a un arquitecto paisajista que está perdido desde hace tiempo en lo personal y en lo laboral. Teniendo que vivir en medio de un viaje de trabajo una ruptura con su novia, interpretada por Amaia Salamanca. Miguel se apoyará en la idea de las experiencias nuevas para no sucumbir ante el dolor que le ha dejado Marta.

Sin amor Siempre es invierno

Como explican en la película, “sin amor siempre es invierno“. Algo parecido le pasaría al metraje sin este guion tan cuidado. Unas líneas que en los primeros minutos pueden parecer pretenciosas, pero que acaban atrapándote y cautivándote hasta tenerte en la palma de su mano. Completamente fascinado por la forma de hilvanar y de relacionar.

Algo parecido pasa con sus actores. David Verdaguer, quien regresa con Trueba tras conquistar los Goya con su papel como Eugenio en Saben Aquell, se muestra sublime y completamente cómodo entre las líneas de este texto. Encarnando a un personaje, a mi parecer, pánfilo que culpa a los demás de todos sus males, Verdaguer se desenvuelve con soltura y saca pecho ante su magnífica puesta en pantalla.

Sin embargo, Miguel no habría sido nada sin Olga -personaje interpretado por una sensacional Isabelle Renauld-. Así, sin comerlo ni beberlo, no vemos envueltos en una relación afectivo-sexual que suele estar mal vista, pero que engancha por la magnífica complicidad entre ambos. Una señora de 63 años y un arquitecto de menos de 50: algo que a nivel social tiende a ser rechazado.

Bélgica, la arquitectura y la depresión como protagonistas

Aunque este tándem Verdaguer-Renauld atrape, no son más que co-protagonistas. Como podría recordarnos una versión cinematográfica de Manhattan Transfer de John Dos Passos siguiendo el estilo de la trilogía Before (Antes de… en castellano), las calles y la arquitectura belga se cuela entre los papeles protagonistas. Algo que se justifica y enmarca, a parte iguales, con la profesión del protagonista.

Asimismo, una tendencia depresiva y la autocompasión de Miguel enmarcará un guion sutil, con puntos cómicos, que hace que disfrutes en la sala de cine. Espacios que acogen el film a partir de este viernes para narrar cómo superar a tu expareja -y cómo hacerlo solo… se vuelve algo complicado-.

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