Levan Akin crea una obra única que critica de forma directa la represión existente en Georgia. ‘Solo nos queda bailar’ brilla en un tercer acto sublime

Javier Cendrero

“La danza georgiana se apoya en lo masculino. Aquí no hay espacio para la debilidad” espeta, en una escena de la película, uno de los miembros de la Compañía Nacional de Danza de Georgia. “Solo nos queda bailar” reitera continuamente la importancia de bailar con actitud masculina, agresiva, esbelta y sin mostrar ningún tipo de debilidad.

Sinopsis ‘Solo nos queda bailar’

“Solo nos queda bailar” cuenta la historia de Merab (impresionante debut de Levan Gelbakhiani), un joven de familia humilde que forma parte de la ya mencionada Compañía de Danza. Su sueño es poder dedicarse a ello y poder así mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, la llegada de un nuevo aventajado y despreocupado alumno de baile llamado Irakli (interpretado por  Bachi Valishvili) le hará cambiar su forma de ver la vida. Pese a ser su máximo rival, se convierte en alguien por quien siente una fuerte atracción. Todo esto en una sociedad conservadora la cual rechaza al colectivo LGTBI+.

Dificultades en el país de origen

La película tuvo numerosos problemas para estrenarse en Georgia ya que grupos radicales intentaron boicotear el estreno por considerar que el argumento atentaba contra los valores tradicionales georgianos y el pilar de identidad nacional: la danza. Cabe destacar que es un país en el que no está permitido el matrimonio igualitario y la Constitución no protege al colectivo de la incitación por odio.

Un cautivador largometraje

“Solo nos queda bailar” destaca por un guion crudo y real y unas escenas de baile rodadas con virtuosismo, que se emplean como vehículo expresivo en momentos destacados de la película. La inocencia del protagonista provoca que te identifiques con él y te mimetices con su situación. Acertada decisión del director y guionista Levan Akin el enfocar el film hacia el drama sin dejar en un segundo plano el romance del dúo principal.

La construcción de los personajes es clave. Todos demuestran tener una personalidad muy marcada para ser un largometraje que no llega a las dos horas de duración. Rompe con los estereotipos/clichés en los que caen muchas películas y con la masculinidad frágil tan presente en la sociedad.

La película se adentra en la ideología conservadora del país a través de diálogos (como los del profesor) o acciones que realizan los protagonistas como cuando exponen en el vestuario que han despedido a uno de los mejores bailarines del país por haber descubierto su homosexualidad. Estos hechos provocan que destaquen más las dificultades por las que pasa Mareb y la valentía que debe mostrar para tomar ciertas decisiones a los largo de la película.

Solo nos queda Bailar

Mareb (Fotograma del trailer oficial)

Un desenlace sublime

¡Cuidado, contiene spoilers!

La escena final, tras todas las vivencias vividas por Mareb a lo largo de la película es simplemente sublime. La ansiada audición por un puesto de bailarín profesional en la Compañía Nacional de Danza, ese momento por el que ha luchado durante tantos años, se convierte en la declaración final de Mareb. Decide ser él. Bailar con los movimientos que tanto le han criticado porque mostraban feminidad y debilidad. Decide dejar atrás toda su carrera y mostrar que las opiniones ajenas le son indiferente. Decide ser feliz.

NOTA: 8,4