La magnífica novela de Almudena Grandes, Los besos en el pan, volverá a marcar a la generación que va a sufrir la crisis económica del coronavirus.

Marcos Gracia

Esta generación por 2008 no eran más que niños en busca de juguetes. Creció envuelta por las descabelladas consecuencias de la crisis que azotó el mundo ese mismo año. Tal y como Almudena Grandes retrata en su novela Los besos en el pan al resaltar la vida de un barrio de Madrid durante la crisis del 2008.

Serán los personajes, utilizando la técnica del contrapunto, quienes nos cuenten las situaciones que llegaron a vivir diferentes familias: comercios y centros de salud que eran cerrados, competencias para ver quien ponía el precio más bajo en sus productos o largas filas repletas de personas en busca de ayuda para poder comer.

Personajes solidarios

Los personajes nos revelarán sus inconvenientes que sufrieron al comenzar este fatídico suceso y cómo, por medio de esfuerzo y renuncias, siguieron adelante. Amalia nos contará los problemas que está sufriendo el barrio y como, desde su peluquería, observa el drama de los vecinos. Ayudará en todo lo posible para que el vecindario sufra lo menos posible con, por ejemplo, recogidas de alimentos. Pascual abrirá cada día del año su bar para poder sacar a su familia adelante y colaborará para dar alimento a los niños del colegio donde trabaja Sofía. Ésta ayudará en el colegio donde trabaja llevándole el almuerzo a los niños durante el curso escolar; y organizará un comedor en plenas vacaciones de verano para aquellos niños que lo necesiten.

En los besos en el pan nos serán revelados una gran cantidad de sucesos. Nos muestra la lucha contra el cierre del centro de salud del barrio, las estafas de los bancos y los desahucios. El INEM se alargaba, el paro acogía a un gran número de personas. Mientras, los trabajadores, agradecían que les recortasen el salario en lugar de despedirles. Personas que se arruinaron y lo perdieron todo. La actualidad no se distanciará mucho de lo que nos cuenta la escritora en su novela. La crisis económica que está azotando este país, inmiscuida en esta crisis sanitaria mundial, se está empezando a ajustar a lo vivido no hace tanto. La dura realidad que nos muestra sobre familias al borde de su desaparición y sus circunstancias nos tocará la fibra sensible evocando al próximo futuro.

Otra generación perdida

Sin embargo, será la generación que creció en su adolescencia tras ese terrible 2008 la que viva de nuevo esta crisis cuando por fin llega al mercado laboral. Esta generación, que habrá sufrido dos crisis económicas en apenas poco más de una década será la que deba hacerle frente a los entresijos de este nuevo inconveniente sin haber salido del todo de la crisis anterior.

Tal y como nos cuenta la escritora, la situación se repetirá. Encontraremos jóvenes como Marta y sus amigos que se inmiscuyan más en política. El sufrimiento de los adultos tras haberlo perdido todo siendo, al fin y al cabo, un daño colateral para sus hijos. Los jóvenes nos veremos a sufrir, con mayor ímpetu, contratos precarios, el riesgo a no poder pagar nuestros estudios o el miedo a no tener la posibilidad de acceder a un trabajo y mucho menos a uno deseado.

Es por ello que volveremos a sentir los relatos de la escritora. Recogeremos el dolor que albergan esas palabras a lo largo de los capítulos y lo haremos nuestro, en el caso de que no lo hayamos hecho ya. La generación mejor preparada de la historia será la que salga peor parada con esta crisis . Prepárense pues, nos espera un largo e incierto futuro muy complicado de sobrellevar y, aunque pese, volveremos a sentir los besos en el pan.