Alba Blanco

Es inevitable concebir la ciudad de París sin la pintura, y no, no hablamos solo del Museo del Louvre. Hablamos también de sus calles dibujadas, de los bocetos que recorren íntimamente todos sus rincones, de los artistas callejeros que colorean los pasos de los transeúntes y de los viajeros. Porque eso es París, puro color, pura pintura, puro arte, pura vida.

En “Paris sera toujours Paris” (París siempre será París), Màxim Huerta y María Herreros escriben y colorean, respectivamente, una historia inspirada en aquel París idílico y artístico que aún hoy, en la actualidad, todavía recordamos y referenciamos cuando pensamos en la ciudad de la luz.

En esta historia se nos descubre: Un paseo por el París de los años veinte. La famosa librería Shakespeare and Company y los miembros de la generación perdida, el desafío de las garçconnes, las bandas de jazz que convirtieron Montmartre en el nuevo Harlem, las manifestaciones surrealistas, la deslenguada Kiki de Montparnasse, el bullicio de las terrazas y cafés…

A través de sus personajes, lugares, aromas, Màxim Huerta y María Herreros nos proponen en este libro un paseo de lo más inspirador por la capital francesa de los años veinte, epicentro de la cultura y la diversión. (Lecturalia).

Y es precisamente por ser ese epicentro de cultura y diversión, lo que hace que París siga siendo toda una ciudad en la que contar y visualizar historias. Aquellas que hablan de los locos por el jazz, la pintura, los amores atrevidos y la liberación de las mentes…

Y es que, tal y como cantaba la cantante francesa ZAZ, París siempre seguirá siendo París.