Michaela Coel escribe, protagoniza y dirige “It May Destroy You”; que a través de sus 12 capítulos, disponibles en HBO, explora el trauma de una violación desde una perspectiva rompedora y con un trasfondo ineludible de educación sexual.

PABLO GUTIÉRREZ MARTÍN

“I May Destroy You” ha sido valorada por varios medios británicos, y algunos patrios, como una de las mejores series de 2020. Su creadora, Michaela Coel; que también dirige y protagoniza el proyecto, decidió adentrarse en este proyecto tras una experiencia traumática personal; concibiendo la serie como un instrumento terapéutico y buscando transformar en algo positivo y útil la situación por la que había pasado.

El piloto nos presenta a una joven escritora londinense, que se ha hecho un hueco en la industria de una manera muy millenial: a través de hilos de twitter. En el momento de la serie se encuentra escribiendo su segundo libro; y tras una noche de fiesta, se da cuenta de que ha sido agredida sexualmente. Al final del primer capitulo, vemos como el personaje se enfrenta a un nuevo horizonte; el de continuar su vida con la huella de este suceso. Y de esta manera el espectador queda atrapado en un bucle de sentimientos, planos rápidos y colores neón.

Michaela Coel se encontraba escribiendo la segunda entrega de su primera inclusión en el mundo audiovisual, “Chewing Gum“, cuando sufrió un destino muy similar al de la protagonista. Tras dos años con sus proyectos en pausa y tratando de aprender a vivir con esta herida decidió que contar su historia sería una manera de ayudar a que esta cicatrizase, siempre tratando de hacer entender que fue su vivencia y cómo ella ve, y vive, esta realidad.

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UNA SERIE EDUCATIVA, CON HUMOR Y TEMAS NECESARIOS

Los doce capítulos se convierten de esta manera en un espacio de reflexión sobre experiencias y conductas para el espectador. Su creadora pone sobre la mesa una actualización, bien traída al 2020, del concepto de violación. Deja atrás la concepción reduccionista del término a la penetración con violencia, mostrando el amplio espectro del abominable verbo; en el que incluye, con situaciones en la serie; casos cómo el de un consentimiento inicial pero no total o las mentiras previas a la relación sexual. Y precisamente de una de estas nace otro de los grandes temas sobre los que reflexiona “I May Destroy You” (“Podría destruirte” en su traducción al castellano); el consentimiento, en todos los ámbitos, desde el sexual al de las relaciones humanas, pasando por el mundo de las drogas o la familia.

Lo interesante de esta serie es que; a pesar de serlo su protagonista, no es impositiva en sus planteamientos, no impone la reflexión sino que invita a ella. En muchos de los temas que trata, presenta varias versiones y varias perspectivas; viendo así como trae a debate la cuestión de las denuncias falsas, la vanidad y deshumanización de las redes sociales para ligar, la violación desde el punto de vista del agredido hombre y mujer, la adicción a las redes sociales y deificación del like, la amistad femenina real y pura lejos del canon hollywodiense de mujeres competitivas…

Por otro lado presenta en un segundo plano el tema de la comercialización y especulación con el arte; cómo las industrias artísticas explotan y exprimen al individuo, que se convierte en cómplice y consentidor.

I May Destroy You HBO image
Imagen promocional de HBO para “I May Destroy You”

Además la concepción de la protagonista, violada en el primer capítulo, se aleja del concepto tradicional de víctima que vemos en otras ficciones. Presenta a Arabella (Michaela Coel) como una mujer independiente, que se sobrepone a su dolor y que; a pesar de sufrir estrés post-traumático y que el suceso de la agresión sexual condicione su vida, no la paraliza; y es capaz de buscar una salida a ese pozo de sufrimiento. Todo este desarrollo nos deja al final de la serie con la idea de que el trauma no define a la persona y no hay un proceso estricto al que la víctima deba adaptarse.

El último capítulo, catarsis de la protagonista, es el broche perfecto a una serie que traía un desarrollo actoral, técnico y de guion impecable. Este episodio final se estructura como una abstracción del mundo real creando una serie de escenas finales ficcionalizadas que corresponden al final del libro de la protagonista; entrando en un bucle de diferentes finales, con un montaje cada vez mas atropellado y frenético y unas situaciones a cada cual mas surrealista que traslada al espectador un mensaje claro; a pesar de la distorsión aparente: no existe un final concluso para la víctima de una violación.