Performance de doble filo: Regina José Galindo

La artista guatemalteca Regina José Galindo se ha consagrado como una de las grandes performers del panorama actual gracias a su entrega y sentido crítico.

Pavlo Verde

Arte de entre las ruinas

La artista, poeta y performer guatemalteca Regina José Galindo nació en  1974 en la capital de su país. En su infancia y juventud experimentó 22 años de conflicto civil (en total duró de 1960 a 1996), las injerencias neocolonialistas estadounidenses, el autoritarismo de los Somoza y sus gobernantes títeres, la revolución sandinista (1979), el atropellado retorno a la democracia (1990) y el fin definitivo de la guerra (1996). Sin embargo, los problemas no acabaron con el cese de la violencia declarada. La OMS considera epidémica la violencia cuando la tasa de homicidios es superior a 10 muertes por cada 100000 habitantes. En Guatemala esa ratio es de 40 homicidios. En el caso concreto de las mujeres la cifra baja hasta la no menos preocupante tasa de 13 homicidios por cada 100000 habitantes. Esto no impide diversas formas de violencia verbal (21%), física (7%) o sexual (5%), que afectan a casi un tercio de las guatemaltecas. Su situación, más allá de las cifras, las coloca en una precariedad laboral, jurídica, material y social insostenible. En este contexto emergió y se erige Regina José Galindo.

La performance como arma

Comenzó su andadura como dibujante y escritora, labores que nunca ha abandonado, aunque ha trascendido internacionalmente por sus performances. Su tema principal es la denuncia de la violencia y muy especialmente de la machista en todas sus formas. También destaca por su crítica a las ideologías patriarcales como el canon de belleza. Su compromiso feminista no está desligado de la denuncia de los sistemas de opresión y represión (neo)coloniales, racistas y clasistas. En palabras de Lidón Sancho Ribés, Galindo emplea la performance como un arma. Sus intenciones no son místicas o espirituales, como en la performance clásica de Klein o Kaprow. Su deseo es servir de altavoz y denuncia de la realidad de la que es testigo. Según Fernando Castro: “Va al límite, incorpora lo insoportable, no sublima ni hace una mera proyección simbólica” (Estética de la crueldad, pg. 176).

El cuerpo y Regina José Galindo

El elemento protagonista de su obra es el cuerpo. Galindo pretende reflejar la precariedad a través de “la dimensión frágil de la corporalidad” (Estética de la crueldad, pg. 173). Su físico es un campo de batalla cuyo objetivo de denuncia es también un intento de liberación. Expone sus limitaciones y las somete al estrés, la violencia y la vejación, incluso, en un afán de compromiso que es a la vez promesa de emancipación.  

A continuación se ofrece una breve descripción de algunas de sus performances más destacadas. Todas ellas dan buena cuenta del espíritu de transgresión personal y política que impregna el conjunto de su obra. Puedes consultar imágenes de cada una de ellas en su página web.

Obras destacadas:

Lo voy a gritar al viento (1999). En esta, su primera performance, la artista se colgó del Arco del Edificio de Correos de Ciudad de Guatemala y recitó poemas suspendida en el aire. De este modo se conjugaban dos de las disciplinas en las que Galindo destaca: la poesía y la performance.

No perdemos nada con nacer (2000). Aquí la artista, completamente desnuda y dentro de una bolsa de plástico, fue llevada y retirada en el basurero municipal de Guatemala. Esta performance se puede entender como una exposición de las misérrimas condiciones de gran parte de la población guatemalteca. Además, es un claro reflejo del dudoso funcionamiento de la gestión de residuos.

¿Quién puede borrar las huellas? (2003). Ante la candidatura presidencial del general golpista Efraín Ríos Montt, Galindo recorrió el trayecto entre la Corte de Constitucionalidad hasta el Palacio Nacional de Guatemala humedeciendo sus pies en sangre y dejando sus huellas rojas por el camino. Con esta performance quiso mostrar su rechazo a la candidatura y realizar un acto de memoria histórica por las víctimas de la dictadura en la que Montt había sido un actor clave.

PERRA (2005). En una muestra y denuncia de los abusos cometidos contra las mujeres guatemaltecas realizó esta performance. Consistía en escribir con un cuchillo la palabra “Perra” en su pierna. Inscripciones así habían sido halladas en cuerpos de mujeres torturadas.

La manada (2018). A la luz del escándalo de la Manada, brindó en Madrid esta performance. Ella la describe en un página web con escalofriante sobriedad: “Siete hombres se masturban alrededor de mí, utilizando mi cuerpo como contenedor pasivo de su semen”.

Potencia mundial (2019). Para esta performance pidió que unos trabajadores chinos desmontasen íntegramente un Chevrolet que ella conducía y un Iphone. Las piezas del primero fueron después colocadas en forma de cuadrado; las del segundo, en hilera. Con ello quería analizar la guerra comercial entre China y EEUU y las tensiones políticas y económicas que genera.

Conclusiones

El mérito de Regina consiste haber sabido alzar la voz y concienciar con un arte expresivo y comprometido hasta el extremo. A su vez, es una de las figuras que con más fuerza ha logrado revitalizar el cuerpo como sujeto político y artístico. Todo ello acompañado de temáticas variadas pero concisas y con objetivos definidos que consiguen impactar y denunciar por igual. Por todo ello, no se puede menos que reivindicar a Regina José Galindo como una de las grandes performers de su continente y del mundo entero y recomendarla encarecidamente. Su obra podrá incomodar o incluso desagradar por su crudeza, pero su capacidad de remover conciencias es innegable. Y de eso se trata.

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