Adriana Díaz

El interesante film es, además, la opera prima del director Emmanuele Courcol

3,5/5 cofres

A principios de los años 20, Georges Laffont (Romain Duris), sigue traumatizado por los horrores que vio durante la primera Guerra Mundial, en 1914. Para tratar de superarlo, Georges decide cambiar su vida completamente e irse a vivir a la región de Alto Volta, en África, acompañado de Diofo, un artista también superviviente de la guerra. Pero cuando decide volver a Francia (cargado de mascaras tribales), la situación que el recordaba en la casa de su París natal ha cambiado ligeramente. Su hermano Marcel, que quedó sordo por culpa de la guerra, ha empezado a dar clases de lenguaje de signos, en un primer intento por recuperar la normalidad. A partir de entonces Georges deberá lidiar con sus traumas y sus temores para poder devolver la estabilidad a su vida.

Así se presenta la opera prima de Emmanuele Courcol, un drama histórico que, con una sensibilidad –casi- abrumadora, se sumerge de lleno en las secuelas que quedan después de un conflicto de este calibre. Hablamos, claro, de las pesadillas, los temores y el estrés post-traumático. En una familia que la guerra ha hecho pedazos, Courcol consigue retratar el día a día de dos personajes a los que el conflicto a afectado de diversa manera, pero que ven como su vida diaria se ve afectada por todos los horrores que vieron durante los años de la guerra.

Aunque algo lenta, ‘Alto el fuego’ desarrolla la trama con una fotografía y una escenografía espectaculares, y presenta unos personajes femeninos y masculinos con mucho potencial.

Una película de relatos emocionales e incluso –a ratos- espeluznantes (como se refleja en la maravillosa escena inicial del film), de personas que sobrevivieron la guerra, pero no consiguen superar las secuelas de la misma. Y es que ya lo dice uno de ellos en un monólogo clave de la trama: “Lo imposible, era volver de una pieza”.