Sara Pardo

Jaime Massieu (1990) espera apoyado en la pared con un gorro rojo en un día gris de la capital. El lugar donde conversamos es un bar de empanadas desierto que queda cerca del rocódromo en Diego de León, sitio en el que practica escalada como hobbie.

Massieu accede a mi entrevista antes de una reunión con Niña Pastori, cantante a la que va a fotografiar próximamente. Aunque su verdadera vocación sigue siendo sacar la cámara y apuntar con el objetivo a saxos, guitarras y armónicas, a la música afroamericana que ahonda en pequeñas salas y que, con la pandemia, ha ido menguando como los clubes que la alojaban.

La música que he visto (2021) es un retrato de la escena de música negra madrileña que Massieu ha degustado en la última década. Cinco o seis días a la semana con su bicicleta se recorría los garitos de la ciudad para capturar aquellos bolos. En el libro no solo aparecen las imágenes del fotógrafo sino también entrevistas y la mirada de Massieu en todo un ámbito.

Entrevista:

Pregunta: Antes de comenzar a hablar del libro, ¿Cómo es hacer un crowfunding en plena pandemia?

Respuesta: Hice el crowfunding de diez mil euros, al final sacamos once mil y me ha costado diecinueve mil. Mi culpa. Creo que estoy en una posición económica en la que me parece injusto pedir que el 100% del libro lo pague gente que esté peor que yo. El crowfunding tenía también una utilidad de promoción previa, puesto que ya tengo 250 vendidos antes de empezar.

P: El libro relata la historia de una década de los clubes y salas de conciertos donde la música afroamericana era la protagonista, ¿cree que sigue este estilo musical siendo marginal como en su nacimiento?

R: Aparecen de vez en cuando figuras conocidas como Bruno Mars, Jamie Cullum o a Michel Jackson. Yo creo que más que marginal está limitado a un público muy pequeño porque carece de infraestructura de salas y promotores, en España no hay promotores. El techo del jazz nacional es muy bajo y sin subvenciones todavía más. Chema García dice en el libro que si la gente veía a Miles (Davis) era porque estaba de moda no porque le gustase el jazz.

P: En La música que he visto entrevistas a Noa Lur, que es una de las pocas mujeres que lidera un proyecto dentro del jazz, ¿Ha visto en estos diez años un auge de mujeres o es un sector muy masculinizado?

R: En el sector de músicas negras no ha habido un auge de mujeres, es un sector muy masculino y pequeño. En el libro hablo de Noa, de Verónica Ferreiro, de cuatro o cinco compositoras/cantantes que han puesto más mujeres en la industria a la fuerza. ¿Cómo músicos? Hay cosas puntuales: una pianista o una batería. Fuera de mi circuito, sí que he visto en la música en general un incremento de mujeres. Está, por ejemplo, la Asociación MIM (Mujeres en la Industria Musical) e incluso iniciativas propias como Delaporte con el proyecto de Gigantas.

P: En el prólogo escribe “Quiero recordar por qué me dedico a esto y rendir mi pequeño tributo a todos los que hemos formado parte de esa escena”, ¿Cree que ha perdido en los últimos diez años esencia la escena musical y por ello necesita reafirmarse en su trabajo?

R: Jorge Pardo dice “todas las etapas están sujetas a la subjetividad”, tú las puedes recordar como mejores porque tú las viviste con más intensidad. Yo de 2010 a 2014 lo recuerdo maravilloso: salir todos los días y conocer gente. Después sentí que esa efervescencia se perdió. La pura urgencia del día a día, el endurecimiento de las condiciones de vida para los músicos y para todos en general ha hecho que la gente no salga a darse una vuelta. Entonces me quiero recordar la frescura de esos momentos que sí que ha perdido la escena.

P: La noche madrileña, ha tenido que convertirse en la tarde… ¿Cómo es tras la pandemia ser fotógrafo de clubes?

R: Es bastante deprimente. Salgo mucho menos porque antes los conciertos eran un espacio de ocio al que iba tras cenar. Ahora o ceno o voy al concierto. Luego es llegar a casa a las 23:00 horas y pierdes lo que más me gusta de la noche que es conocer gente, la bohemia y abrazarse. Está muerto.

P: ¿Cómo te sientes tras el cierre de tantas salas y garitos tras la pandemia? ¿Cree que el Gobierno no ha ofrecido la ayuda suficiente como demanda por ejemplo Alerta Roja?

R: Para hacer lo suficiente tendría que haber hecho algo. No, a mi me parece que Uribes se preocupa más de la Superliga. Los ministros de cultura los desmerecemos. Es verdad que siempre echamos la culpa al Gobierno, no podemos pedir que te solucione la vida, pero al final las pocas ayudas que hemos tenido son de hostelería, no de cultura, y eso tendría que hacer pensar a la gente que si no vendiéramos cervezas no tendríamos ayudas. Si no fuese por Vibra Mahou este año no habría conciertos, está patrocinando todo. También la legislación, que en un teatro entre el doble de gente que en una sala es absurdo.

P: Con todo ello, el año pasado ha sido muy difícil y no ha podido cumplir el reto anual propio de diez mil conciertos en 365 días ¿Llevaba la cuenta?

R: No, no llevaba la cuenta. Al final hacía una ronda de garitos, tres fotos y me acercaba al Barco, del Barco al Intruso… Te hacías cinco conciertos y si sales seis o siete días pues llegas.

P: Además de fotografía musical también despliegas tu objetivo sobre diversos ámbitos y grabas, realizas etc., ¿En qué proyecto estás ahora?

R: Curro mucho, tengo una pila de papeles en la que cuando quito uno se pone otro. Estoy trabajando ahora con Carolina Herrera, Vitaldent o los 40 Principales. No me puedo quejar.