La artista estadounidense demuestra que Chromatica es mucho más que un disco

Hilario Martínez

Lady Gaga, antes del anuncio de Chromatica, llevaba un tiempo perdida. Después del abrumador éxito de Born This Way y de bajar hasta lo más profundo de su letargo con Artpop, la estadounidense se sumergió en el mundo audiovisual, en el jazz y en el country como salvavidas temporal. La innovación para la compositora parecía haber pasado a un segundo plano. Demostró entonces que no necesita una envoltura llamativa para destacar. La sencillez fue precisa y llegó a tiempo. Sin embargo, nadie puede negar su propia esencia. Ya en la Met Gala de 2019 pudimos ver que el rosa tendría un papel fundamental en esta nueva etapa. Su residencia en Las Vegas, bajo el título de Enigma, fue la pista definitiva: Lady Gaga estaba despertando.

El universo de Chromatica

Un tiempo después y tras un retraso bien justificado, Chromatica ha llegado para que todos se levanten de sus asientos. Inspirado en un mundo ficticio, el disco recorre cada cicatriz de la cantante entre ritmos agresivos que dificultan la respiración. Para este nuevo universo de 43 minutos de duración en su edición más corta, Gaga ha pensado en tres mercados diferentes: el estadounidense (Ariana Grande), el asiático (BLACKPINK) y el europeo (Elton John, quien se lleva la mejor de las colaboraciones). Los interludios dividen el proyecto en tres actos bien diferenciados y se entremezclan con las canciones a las que dan paso de una forma exquisita. Si algo está claro, es que Gaga no ha querido descuidar los pequeños detalles.

Lady Gaga lanza Chromatica
Imagen promocional de Chromatica, de Lady Gaga

Desde la encantadora Alice, hasta la fusión de matices de Vogue y Like a Prayer en Babylon no sin antes haber pasado por la robótica 911, todo parece estar bajo control. Sin embargo, Gaga descuida la estructura del conjunto de canciones. Es decir, suele utilizar la misma para la gran mayoría: un estribillo que empieza más relajado pero que rompe mientras repite la misma frase, palabra o coro. De todos modos, la artista ha conseguido que se tenga que llegar hasta ese punto de meticulosidad para, el menos, poder citar algo que no está del todo a su favor.

Un disco brillante

Una vez que se escucha el disco, si algo se hace obvio, es que Free Woman debió ser la carta de presentación. Tanto el mensaje como el sonido del corte permiten situarla muy por encima de Stupid Love. En el nuevo disco de Lady Gaga no hay rellenos. Hay canciones que destacan por encima de otras y Sine From Above, la ya citada Free Woman, Sour Candy y Alice se llevan el protagonismo principal. Todo ello obviando el tremendo éxito que Rain On Me junto a Ariana Grande ha cosechado durante la última semana.

Chromatica es el nuevo salvavidas de Lady Gaga. Es el atajo para vengar rápido y con dignidad a Artpop. Es, al fin y al cabo, la catarsis de una artista que ha experimentado todas y cada una de las etapas que el éxito reserva para quienes se atreven a destacar demasiado. La pista de baile vuelve a ser de la Mother Monster y, por lo tanto, de nuevo hay cabida para todos. La estadounidense fue y es referente para una generación que pudo encontrarse con mayor facilidad gracias a su presencia. Ahora, con Chromatica, recupera lo que nunca nadie debió quitarle.

Nota final: 92/100

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