Analizamos la película ‘Mi nombre es Bagdá’ del Festival de cine de Mujeres de Barcelona

Alba Blanco

Fue toda una sensación en el Festival de Berlín, llevándose el Gran Premio del Jurado. “Mi nombre es Bagdá” (Meu nome é Bagdá) de la directora Caru Alves de Souza aterriza en la 28 edición del Festival Internacional de Dones de Barcelona. En la película, Bagdá (Grace Orsato) es una adolescente de gran personalidad y amante del skate. Tiene el pelo corto, viste con pantalones anchos y no se maquilla. Vive en un barrio de nivel socio-económico bajo y rodeada de 3 mujeres. Su madre, su hermana mayor y su hermana pequeña. Todo comienza a cambiar en la vida de Bagdá cuando, en la ciudad, conoce a un grupo de chicas que, como ella, aman el skate.

La película se mueve de forma rítmica y natural. Como si fuera una película documental envuelta en un poco de ficción. Aunque por desgracia, ficción hay poca. Tanto Bagdá como el círculo de mujeres que la rodean tienen que lidiar con machismos y discriminaciones sexistas. Sin embargo, se enfrentan a ello con carácter, fuerza y dignidad. Esto se ve muy reflejado en el personaje de la madre. Una mujer fuerte e independiente que ha tenido que criar sola a sus tres hijas. Una de ellas, la más pequeña (cuya interpretación es magistral) sueña con ser astronauta e irse a vivir a Marte. Un sueño que su madre y sus hermanas le siguen. Cualquier ilusión es posible si de ella depende poder marchar lejos de la realidad. Aunque sea solo por unos instantes.

Reflejo de una sociedad machista y sexista

Bagdá no se identifica con la feminidad que la sociedad le impone. No le gusta maquillarse. No quiere sentirse como “una musa” a la que sus amigos imploren atención. Quiere ser una skater más. Sin embargo, su grupo de amigos, predominantemente masculino, no ven la realidad desde sus ojos. Este machismo estructural también se ve reflejado en la sociedad, en los hombres con los que se topan estas mujeres. Así como en la propia policía, reflejo a su vez, del fuerte machismo institucional que impera en algunos países. Es tal la naturalidad con la que los personajes se mueven por el universo ficticio que parece que atravesemos con ellos todos sus puentes. Entendemos el caos que siente Bagdá, el miedo de su madre, y los sueños de su hermana pequeña. Y esto lo hacemos con pocos diálogos. A veces solo con un gesto, un plano, una íntima y escondida mirada.

Fotograma de la película

Vivir la vida con un optimismo desgarrador

Los personajes sufren. Padecen penurias y desgracias. Pero cuesta verlas como tal. Porque su positiva actitud es inconmensurable. Dos amigos de la madre de Bagdá sufren el desprecio del mundo, hasta de sus propios vecinos. Una de ellas es transexual, y vive con cierto temor a los prejuicios de la gente. Otro es homosexual y padece un cáncer que le desmorona físicamente constantemente. Pero su optimismo es tan desgarrador que el espectador solo desea vivir con su misma óptica. Con ese mismo espíritu de resiliencia y lucha.

El retrato de la figura de la mujer, la importancia y trascendencia de los temas que trata, el empleo natural y personal de la cámara y sus (ya memorables) personajes hacen de esta película una de las principales joyas del Festival de cine de mujeres de Barcelona. No puedes perdértela. Disponible en Filmin hasta el 14 de junio.

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