El humor de Berlanga no tiene límites, en un momento oscuro y triste para España

Alba Blanco

Es una de las películas más famosas de Berlanga, una de las que más nos ha hecho reír y que siempre recordaremos. Estrenada en 1953, ¡Bienvenido, Míster Marshall! retrata desde el humor y la sátira la sociedad española de la etapa franquista.

Sinopsis: Año 1950. Villar del Río es un pequeño y tranquilo pueblo en el que nunca pasa nada. Sin embargo, el mismo día en que llegan la cantante folclórica Carmen Vargas y su representante, el alcalde (Pepe Isbert) recibe la noticia de la inminente visita de un comité del Plan Marshall (proyecto económico americano para la reconstrucción de Europa). La novedad provoca un gran revuelo entre la gente, que se dispone a ofrecer a los americanos un recibimiento muy especial. (Filmaffinity)

Fotograma de ¡Bienvenido, Míster Marshall!

Con un guion escrito a base de voz en off, la película, como si de un cuento se tratara, nos permite transportarnos a un pequeño pueblo perdido en la España castellana: Valle del Río. La película comienza con la descripción del lugar, así como de algunos de los personajes. Su magnifica forma de retratar a estos, hace que desde el minuto uno sean parte de nuestra familia. Son personas sencillas, con pocas aspiraciones, pero que, en la muestra de su cotidianeidad, se vuelven adorables.

En el contexto de una oscura y triste España franquista, Berlanga logra sacarnos una sonrisa en la piel de esos personajes, cuyo analfabetismo no es el principal motivo de risa. La compasión y ternura con la que estos son tratados por Berlanga, hace que nos riamos más de la situación en sí más que de ellos mismos. Y es que es imposible no sentir cierta ternura y compasión por estos personajes tan plenos de mentalidad pero tan llenos de corazón y buena voluntad.

Durante la película, pueden verse escenarios hechos a mano por los propios protagonistas. Necesidad requerida por el propio guion. Cuando esos supuestos americanos se aproximan a Valle del Río, poco tiempo tardan sus habitantes en poner el pueblo patas arriba y convertirlo en un lugar de ambiente andaluz.

Fotograma de ¡Bienvenido, Míster Marshall!

Y es en estas escenas, donde se ve lo apañados y manuales que somos los españoles cuando de crear se trata. Como bien pasaba en el cine de la época, donde un clavo sacaba otro clavo y un escenario se pegaba aquí y otro allí. En la película, este sistema es divertidísimo. Calles que se mueven y cambian de sitio. Escenarios falsos con aires de grandeza. Todo para hacer creer a los americanos que llegan a la España que esperan.

El final, que es maravilloso nos destila un poco el sabor de las famosas y poco elocuentes escenas de los sueños, que aparecen al final de la película. Al final resultó ser verdad, los americanos poco caso nos hicieron. Ni un duro llegaría a España de ese famoso plan económico, ni tampoco dejarían su huella en el pueblo. Sin embargo, el humor de Berlanga no tiene límites en un momento triste y oscuro para España. Su legado (como padre del cine español) muestra que en este país del Quijote, por reírnos, nos reímos hasta de nuestra propia sombra.