Un enemigo del pueblo: la obra de teatro de Henrik Ibsen que puede ser trasladada a nuestra actualidad.

Marcos Gracia

Hoy en día, sobre todo cuando hablamos de la crisis del coronavirus, nos cuestionamos la verdadera importancia de las cosas. Sin embargo, aunque parezca que está claro, cada día dejamos ver la gran importancia que le damos al capital. Será la novela Un enemigo del pueblo la que nos ayude a centrar y aclarar una serie de cuestiones. Podrán ver la adaptación en rtve a la carta.

Pues bien, esta novela de Henrik Ibsen publicada en 1882, nos muestra como el Doctor Stockmann descubre una horripilante verdad que engloba al sector económico del pueblo. Se trata de un balneario que da de comer a toda la población y que, por tanto, se convierte en el principal motor económico de este lugar.

Un enemigo del pueblo relata todas las trabas que sufre Stockmann cuando intenta cerrar el balneario para limpiarlo y acabar con aquella bacteria. Es el propio pueblo el que impide que el doctor tome medidas. Sufrirá un terrible acoso tanto él como su familia por intentar hacer las cosas bien.

Es en este punto cuando entra el término de ¨mayoría¨. ¿Qué implica una mayoría? Implica que más de la mitad, o de dos tercios, de la población piensa lo mismo. Sin embargo, esto no implica que esté bien. La población pretende subsistir y dar beneficios a todo el pueblo. Antepone sus intereses al bien común. Por tanto, que exista, o existiese, una mayoría no implicaría que lleve consigo la razón.

Estos dos términos se ligan a la perfección con esta nueva crisis que lleva con nosotros ya unos cuantos meses. ¿Por qué se anteponen la economía de mercado antes que la salud de las personas? Más que en el ámbito de enfermos y fallecidos por el Covid-19, entramos en un ámbito del personal laboral que ha sido responsable del funcionamiento del sistema.

Hablamos del personal sanitario que ha estado llevando a cabo jornadas interminables con sueldos precarios y cuyas horas extras han sido pagadas con una miseria. Hablamos de los médicos que, una vez rebajado el peso, han sido despedidos tras meses de esfuerzos sobrehumanos. También hablamos de los cajeros y cajeras, el personal de limpieza, los repartidores, los recolectores, etc. Hablamos de todos los trabajadores que se han visto en la obligación de trabajar no solamente para salir adelante ellos si no para que el resto de la población, que podía estar en casa haciendo la cuarentena, tuviese las necesidades cubiertas.

Esta enfermedad, que tan gravemente ha afectado en el mundo, se podría asemejar a la bacteria de la novela de Ibsen. Si se reactiva la economía se puede poner en peligro a las personas y es ahí donde entran los intereses personales. Es cierto que, si no se reactiva tarde o temprano, la población carecerá de medios para obtener recursos esenciales para la supervivencia, aunque se hayan llevado a cabo medidas con la intención de suavizar el impacto en la población. Hablamos de los ERTE, para evitar despidos masivos como los de la crisis del 2008; y desde hace unos días hablamos del Ingreso Mínimo Vital , que ayudará a una gran cantidad de familias a seguir adelante.

Sin embargo, aunque estas ayudas no sean suficientes, se sigue en la polémica de qué es más importante. Si evitar un repunte, con lo que las familias saldrían peor paradas, o si reactivar la economía, aunque esto suponga poner en riesgo a la población y, sobre todo, al sistema sanitario público.

Entrará en juego el discurso de la mayoría. Todos piensan que lo que indica y hace la mayoría será porque está bien como nos enseña el experimento de Asch. El pasado año se mostró este experimento en el conocido spin-off de la serie Merlí, Merlí: Sapere Aude.

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Sin embargo, solo demuestra la facilidad de corrupción que tenemos los seres humanos y que, aunque no nos beneficie, somos capaces de oponernos al bien común.

Por tanto, debemos ser críticos. Ni la mayoría tendrá razón en todo momento, como bien se muestra en la novela cuando el pueblo decide boicotear al doctor por querer beneficiar a la salud de las personas; ni debemos anteponer los intereses personales al general como cuando el médico lo descubre y pretende hablar, pero es cuestionado por atentar contra la economía.