La novena entrega de la franquicia regresa a Shudder con un viaje sonoro lleno de altibajos

Convertida en una cita ineludible cada otoño en Shudder, la franquicia de metraje encontrado alcanza su novena entrega explorando una premisa estimulante: el sonido y la música como catalizadores del horror. En V/H/S/MIXTAPE, la producción renuncia a ubicar sus pesadillas en una época concreta para vertebrar el conjunto alrededor de un hilo temático más amplio. El resultado es una antología sumamente irregular, donde la inventiva visual y el uso atmosférico del audio conviven con pasajes abiertamente grotescos que resienten la cohesión del metraje.
La propuesta queda clara desde el primer momento. El hilo conductor , dirigido por Flying Lotus y protagonizado por la veterana banda de metal extraterrestre GWAR, busca recrear la estética caótica de las cadenas de televisión musical de medianoche de los noventa. Sin embargo, lo que intenta funcionar como un homenaje macabro al estilo canal MTV termina convirtiéndose en el enlace más agotador de la saga. Las constantes interrupciones de la banda, volcadas en un humor zafio y sangriento de serie B, rompen de forma brusca la tensión que logran construir los segmentos individuales.
Luces de inventiva y el valor del silencio
Donde la película realmente brilla es cuando se apoya en directores dispuestos a estirar el lenguaje del género. El punto más destacado de la antología lo firma Renee Zhan con su historia de títeres y violencia desatada. Mediante un compromiso absoluto con la comedia negra y unos efectos prácticos salvajes, el cortometraje equilibra la crueldad con una frescura que demuestra que el formato de cortometraje aún puede sorprender.

Igualmente notable resulta la aportación de David Moreau en Heartbeat. En lugar de apoyarse en el volumen estruendoso, la pieza convierte una cámara de aislamiento acústico en una experiencia sofocante. El manejo del diseño de sonido y la colocación de la cámara transforman la ausencia de audio en una amenaza física, demostrando cómo el terror sonoro no requiere grandes artificios para calar en el espectador.
En esa misma línea de experimentación se mueve el episodio dirigido por Ernest Dickerson (The Music of Mr. Sze), que toma como referencia el universo de Lovecraft. Aunque la interpretación del reparto es algo desigual, la construcción paulatina de la atmósfera compensa las carencias del tramo final.
La paradoja de una cinta de mezclas desequilibrada
El principal problema de V/H/S/MIXTAPE radica en la secuenciación y en la inclusión de materiales que desafían la naturaleza original del found footage. La aportación de Tobias Forge (líder de Ghost) junto a su banda Repugnant, o el pasaje de animación stop-motion a cargo de Flying Lotus, funcionan mejor como videoclips aislados que como relatos de ficción integrados en la narrativa.

Por su parte, el cierre firmado por RZA desaprovecha una idea inicial potente al no lograr desarrollar su desenlace con la suficiente solidez. El desajuste de ritmos entre los pasajes más pausados y las explosiones de violencia explícita hace que la película avance a trompicones, exigiendo al espectador resintonizar la atención continuamente.
Pese a sus notables desequilibrios narrativos, esta nueva entrega reafirma la capacidad de la franquicia para servir de laboratorio a creadores del género. Quien acuda buscando un metraje de terror uniforme o giros argumentales elaborados probablemente saldrá desencantado. En cambio, para los amantes del cine de medianoche que disfruten del humor gamberro, el splatter festivo y los hallazgos técnicos puntuales, este casete de pesadillas sonoras ofrece suficientes motivos para no pulsar el botón de parada.






























